La representación de la Semana Santa en vivo es, tal vez, una de las tradiciones más arraigadas en Antioquia. En barrios populares y pueblos no hay una iglesia –por humilde o pequeña que sea– que no haya intentado por lo menos una vez recrear con vecinos los pasajes bíblicos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Uno de los municipios que mantiene viva esta tradición desde hace 108 años es Amagá, en el Suroeste antioqueño. Allí, gracias también al apoyo de la Alcaldía, durante la Semana Mayor vecinos, ingenieros, amas de casa, periodistas, obreros, guardas de tránsito y hasta escoltas dejan por una semana sus obligaciones para dar vida por medio de los Tribunales de Semana Santa a los personajes inmortalizados en los evangelios. Lo logran ciñéndose al guion que los precursores de este arte dejaron escrito hace más de un siglo. Ellos asumen sus roles, tal vez cumpliendo esa frase bíblica que dice que “muchos son los llamados, pocos los elegidos”.
Pero hoy hay que hacer un acto de justicia, pues cuando se habla de esta tradición artística, habitualmente se cae en el lugar común de ensalzar a quienes hacen los papeles más importantes –como Jesús, María o los apóstoles– y dejar de lado a los malévolos, pero esenciales personajes, que condenaron a Cristo a la cruz. “Esenciales”, porque sin maldad no hay pasión, sin pasión no hay ni muerte ni resurrección, sin resurrección no hay fe, y sin fe no hay tradición como la que esta semana celebramos.
Por eso, hoy retratamos a los hombres y mujeres que –por gracia divina o por mera casualidad– terminaron interpretando a los “malos” del evangelio, figuras polémicas como Herodes II, Judas, Anás, Malco, Pilatos y hasta María Magdalena. Ciudadanos comunes, pero con actuaciones extraordinarias que hoy impactan al público mientras encarnan el hecho esencial del cristianismo. Estas son sus historias.
Periodista encarna a Herodes
John Edison Taborda Lora es uno de los periodistas más reconocidos en Amagá el resto del año, pero durante los ensayos de los Tribunales y en plena Semana Santa se transforma en Herodes II, el rey judío que se mofó de Jesús y que a la postre también selló su destino en la cruz.
Según contó John, toda la vida le gustaron Los Tribunales y aunque siempre había querido hacer parte, solo en la pandemia –cuando uno de los actores que hacía de Caifás no pudo hacer el papel por las restricciones de la época– se le “apareció la virgen”.
“Don Eduardo me invitó a hacer el papel, yo acepté y arranqué con ese ‘malo’”, recordó. Con el paso del tiempo le ofrecieron otro papel igual de retador, el de Herodes II, toda vez que reunía las aptitudes para ello.
“Ya al otro año empecé con este papel. Me dicen que como soy muy serio, el papel me cuadraba perfecto (risas) pero mentiras, yo soy más bien tranquilo. Actuar con este personaje fue una experiencia muy diferente porque ya no era en un recinto cerrado como nos tocó en la Alcaldía, por el Covid, sino en pleno parque con todo el pueblo alrededor. Eso me pareció muy impactante. Pero lo mejor es que me ha gustado interpretar a Herodes y a la gente le ha gustado también”, añadió.
John explicó que en los tres meses de ensayo va puliendo a su personaje y le dota de esa maldad que él no posee, pero que como puede le imprime.
“Uno busca las referencias de él en las películas, tratando de equilibrar esa severidad del personaje con su sorna y sus ganas de figurar y ser adulado. También, como los demás, busco que el personaje tenga mi toque personal en aspectos como el vestuario. Uno se vuelve muy receloso con el personaje y hasta mi familia me dice que ya no soy el mismo John que ellos conocen cuando interpreto a Herodes”, explicó.
De escolta a ser Belibeth
Aparte del director Betancur, Juan Carlos Bolívar Martínez es tal vez de los actores que más tiempo lleva a hoy en los Tribunales de Amagá. Por curioso que parezca, este escolta también admite un amor empírico por la actuación que lo terminó metiendo de lleno a esta expresión artística.
Bolívar contó que su inicio en los tribunales data desde que era pequeño y le ofrecieron el sencillo pero ceremonial papel de soldado o legionario romano. En esas épocas salía maquillado y uniformado desde la casa con el corazón lleno de alegría.
Juan también contó que gracias a su experiencia ha hecho varios papeles a lo largo de los años, incluyendo al mismísimo Jesús. “Creo que fui el primer Jesús crucificado de los Tribunales. Ese papel quería hacerlo tan bien que hasta me animé a cargar la cruz más pesada y a caminar descalzo por el pueblo, cosa que también impactó a mucha gente”, añadió.
La actuación de Bolívar como Jesús no ha pasado desapercibida. Una vez salió un detractor que le dejó un apodo muy peculiar: “Jesús Chimba”. “Una vez una persona en el parque me gritó: ‘¿este es el que va a hacer de Jesús?. No pues, que cuca de Jesús chimba!’” Y claro, Juan defendió su honor como actor y el asunto estuvo a punto de escalar y, como dice él, casi le mandan la “guardia romana”, pero por fortuna más allá del apodo no pasó a mayores.
Hoy, Juan hace de Belibeth, miembro del sanedrín que conspiró contra Jesús. “Es un papel que me gusta porque se ve ese potencial de villano. Él busca que Jesús no se libre del castigo. Yo hago el papel con verraquera porque no soy malo pero el papel lo exige y como que me va bien porque hay gente que me dice: ‘¡Bolívar, vos sos muy malo! ¿Cómo mandás a matar a Jesús?”, dijo.
El “guarda” Ortega se vuelve Pilatos
Néstor Ortega, quien es agente de tránsito de Amagá, da vida y autoridad al gobernador romano Poncio Pilatos que llegó a los Tribunales como muchos en el pueblo: ayudando con montaje, cargando tronos o haciendo de soldado y acusador.
“Con los años, la comunidad me fue viendo con el porte de autoridad que pide Pilatos, y un Viernes Santo me propusieron el rol. Desde entonces lo he repetido varias veces porque combina voz firme y presencia sin perder la humanidad del personaje”, explicó.
Para Ortega, así como para otros actores que lo han interpretado, Pilatos no es el villano que describe la Biblia. “En escena se vive como un funcionario atrapado entre la presión del Sanedrín, el miedo a Roma y su propia duda. No lo justifico, pero lo presento más como ‘burócrata cansado’ que como monstruo”, dijo.
Ortega detalló que en Semana Santa le bromean mucho por su papel. “Me dicen, ‘Pilático, no te laves las manos’. Fuera de esas fechas, el apodo se asoma menos”, resaltó.
Ortega recuerda una anécdota de cuando en pleno juicio a Jesús, un niño del público gritó: “¡Pilatos, perdónalo!” justo antes de la sentencia. “Aguanté el personaje, pero casi rompo en drama. Esa mezcla de fe y teatro callejero es lo que hace único a Los Tribunales”, recordó.
José da vida al cruel Anás
José Manuel Trujillo García es un estudiante de Comunicación Audiovisual, de 23 años, que gracias al poder de la actuación se convierte en el sumo sacerdote Anás, el verdadero poder de los judíos en tiempos del evangelio, al que Trujillo define como “de los más malos” por su encono contra Jesús que incluso lo llevó a corromper a Judas.
“Yo llegué de ocho años por mi abuelo, que por años participó en los Tribunales actuando como Simeón. El primer papel que me dio don Eduardo fue el de esclavo de Pilatos. Luego pasé a ser soldado romano, ¡eso fue una felicidad muy grande! Luego fui acusador. Ya con Anás llevo cinco o seis años interpretándolo”, explicó.
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José comentó que recibió el papel justo un martes santo porque el actor que habitualmente lo hacía estaba muy enfermo. “Yo vi eso como una oportunidad aunque casi no me animo a tirarme de lleno por timidez, pero aunque no me sabía el papel, uno de tanto escuchar se lo va aprendiendo. Al final me aprendí todo el papel el Miércoles Santo. Para el jueves, todo fluyó muy bien. Creo que fue por las ganas que le puse”, comentó.
Sobre la transformación de un joven de mirada alegra a un vil anciano aristócrata, José comentó que cuando se mete en el papel empieza a expresar una mirada malévola y una postura fuerte. El maquillaje también hace lo suyo.
“Yo soy muy extrovertido y sociable mientras que Anás es serio y autoritario, es un contraste raro, pero aún así hay gente que me dice que les gusta mucho verme actuando porque les encanta el personaje. Es que con Anás hay algo que me ha encantado. Y es que uno como ‘malo’ ve el impacto que le causa al público. Eso da como una fuerza, como unos escalofríos, difíciles de explicar”, añadió.
Malco, el vil azotador
Mauricio Bolívar es un auxiliar de una mueblería de exportación que, pese a su aspecto corpulento y rudo, es más bien tímido. Eso sí, todo eso cambia cuando interpreta al terrible Malco El Azotador, a quien define como el lacayo y perro fiel del malvado Anás.
Mauricio detalló que entró a los Tribunales a los 32 años enamorado de las actuaciones y los ensayos del grupo para la Semana Santa. Hoy, a sus 44 años, admite que le pone alma y corazón a su interpretación, así sea de las más ingratas que pueden ofrecer los evangelios.
“En los ensayos me toca coger el rejo y decirle a Jesús: ‘usted tiene como buena espalda, prepárese porque ahí voy con todo’”, dijo.
Ya en la presentación, Mauricio detalló que el papel exige efectuarlo con la crueldad y la fuerza necesaria, hecho que causa mucha impresión en la gente y una que otra reacción subida de tono.
“Cuando azoto a Jesús, me dicen de todo. Me madrean, me dicen que soy un descarado, que como le voy a pegar así de duro a Jesús, que si así le pego a mi mujer. A veces me ponen a pensar si se me está yendo la mano”, reconoció.
Una de las anécdotas que más recuerda Mauricio es cuando en su papel de Malco debió abofetear a Jesús. “El papel exigía hacerlo duro porque acá estamos haciendo una actuación seria, entonces lo golpeé y de la gente salió como un suspiro, como un ‘¡Ufff!’ Yo apenas vi la impresión de la gente. Quedaron como impactados”, añadió.
Mauricio tiene claro que si bien, la representación de la pasión de Cristo está llena de figuras malévolas, su papel es tal vez el más comprometido porque de todos es el que llega a tener verdadero contacto físico con el actor que hace del Mesías, hecho que también le enrostran cuando se acaba la Semana Santa.
“No falta por ahí el que me dice: ‘Vea, ahí va el que le pegó a Jesús’. Me toca explicarles que yo lo que es una representación”, añadió, detallando que de tanto volear rejo queda con el brazo molido.
Judas es un ingeniero
Tan variopinto es el grupo de los Tribunales de Amagá, que su Judas lo interpreta desde hace seis años un ingeniero de sistemas. Su nombre es Pablo José Cifuentes Muriel, quien desde los 12 años ha estado en los Tribunales donde arrancó su carrera como todos: haciendo de legionario.
Pablo contó que tras una pausa en la que hizo parte de la banda sinfónica del municipio, decidió retomar su participación en los Tribunales ofreciéndose como el traidor de Jesús. “Porque si Judas no hubiera entregado a Jesús, nada de esto se hubiera dado. De ahí se me metió esa idea de interpretarlo”, explicó.
Desde entonces, en cada interpretación deja el alma y –según dijo– para interpretar bien su papel, se inspira en tantos “Judas” que lo han traicionado a él en su vida y que se han aprovechado de su lealtad. Y por lo mismo, más fácil en la calle le dicen Judas, en buen son, que por su nombre de pila.
Eso sí, la cosa cambia en Semana Santa pues cuando la gente lo ve, no lo baja de traidor o “torcido”. “Cuando en la representación voy al ‘Monte de los Olivos’, mientras voy pasando por las calles, las señoras me gritan desde los balcones con rabia y algunos pelaos me tiran limones o naranjas”, agregó.
Pablo detalló que una vez su papel casi le cuesta la vida, durante el colgamiento del traidor. “Como que el arnés de seguridad me lo dejaron muy flojo. Cuando me tiré del árbol el arnés se me subió al cuello. ¡Me estaba ahorcando de verdad! Pero seguí con el papel hasta donde pude y cuando me bajaron tenía todo el cuello tallado”, dijo.
Pablo cree que el evangelio apócrifo de Judas es verdad. “Judas es un espejo de nuestra propia fragilidad. La Biblia dice que vendió a Jesús, pero creo que fue el único que era tan fuerte para ese acto tan vil, porque solo a los fuertes Dios les pone retos grandes”, añadió.
María Magdalena viene desde Córdoba
Diana Vergara Vega es un ama de casa oriunda de Planeta Rica, Córdoba, que tiene uno de los papeles más importantes para el evangelio dada su transición de pecadora a santa: María Magdalena.
Ella terminó metida en los Tribunales tras años de ver actuar a su pareja en ellos, lo que la motivó a embarcarse en esta aventura y también por la sorpresa que le causó el fervor con el que en municipios como Amagá celebran estas fechas.
“Don Edurado me dijo: ‘Diana, ¿a usted le gustaría participar haciendo el papel de María Magdalena?’ Porque en ese tiempo la muchacha que lo hacía casi no venía a los ensayos y como él me veía a mí todos los sábados... Yo al principio tenía mis dudas porque no sabía si era capaz. Pero él me motivó y me dijo que sí era capaz. Entonces le contesté: ‘Claro don Eduardo, ¡de una!’. Y así empecé ya hace tres años”, detalló.
Como buena actriz, interpretando a María Magdalena a Diana le toca llorar, y mucho. Para que las lágrimas le salgan a mares confiesa que intercede a amargos recuerdos de su vida como la muerte de su señor padre.
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Además, también mientras es María Magdalena debe dejar por un momento su acento cordobés. “Tengo que meterme en el papel, evitar decir mis líneas con mi acento, sino más bien como aparece en el guion que es la interpretación neutra de esa época”, dijo.
Diana contó que su interpretación ha causado mucho orgullo en su familia, que la han visto actuar por televisión, en las transmisiones de los Tribunales por el canal local.
“Yo nunca pensé que iba a llegar a a aparecer en televisión o que iba a actuar. Solamente cuando pequeña que tenía que como nueve años que hice de Patito en una obra de los Hermanos Grimm”, recordó.
El hombre que mantiene vivo Los Tribunales
Don Eduardo Betancur, es el hombre que hoy coordina a los 110 actores que hacen parte de los Tribunales de Semana Santa de Amagá; por eso, en son de broma le comentan que así como Jesús multiplicó los panes, él multiplica los papeles para tanto amagaseño que quiere sumarse a esta tradición que data de 1918 y que arrancó con 32 actores.
Su historia con los tribunales comenzó en 1980, cuando siendo apenas un niño observaba con fascinación los ensayos en el parque del municipio. “El director de entonces me entregó mi primer papel: acusador. Lo acepté, lo estudié y ese fue mi primera actuación. Luego hice de Herodes y en algunas ocasiones de Anás”, recordó.
Don Eduardo recibió el legado del anterior director, Hernando González, y por décadas ha sido el más acérrimo defensor de los Tribunales, incluso cuando los mismos curas de Amagá querían acabarlos a principios de los 90, asunto que derivó hasta en plebiscito municipal en el que el sí por mantener viva la tradición se impuso.
Don Eduardo defiende la pluraridad del espacio en el que jóvenes, madres de familia, profesores y trabajadores dan rienda a sus dotes histriónicas “Es un voluntariado. Aquí participa todo tipo de personas, y muchos han dejado huella por su compromiso. Por eso tal vez el público reacciona como si fuera algo real”, destacó.
El crecimiento del grupo responde a una visión clara: representar fielmente el relato bíblico, pero con mayor riqueza escénica. Por ello, uno de los elementos más valiosos de esta tradición es el libreto original, conservado por más de un siglo.
Hoy, don Eduardo también actúa como José de Arimatea y, como le bromean los demás actores, no se deja quitar el papel de nadie. Eso sí, pese a ser el director, también hace lo posible porque su interpretación sea magnífica.