A la hora de estudiar la percepción de una sociedad sobre las personas migrantes, se suele agrupar a este colectivo como una entidad homogénea. Sin embargo, al hacerlo, se pasa por alto el hecho de que mucha gente suele tener sentimientos más complejos sobre los inmigrantes y etiqueta a algunos como “buenos” y a otros como “malos” según sus propios prejuicios.
Siga leyendo: Luisa Fernanda W se está borrando los tatuajes, le contamos como es el proceso
Un nuevo metaanálisis de 100 estudios, que incluyen a más de 140 000 participantes, investiga por qué las personas aceptan a algunos inmigrantes, pero no a otros. El trabajo, elaborado por un equipo de la Universidad de Harvard y publicado en la revista Science Advances, revela que el empleo, la educación y el dominio del idioma influyen más que el país de origen.
Para establecer una referencia, el equipo investigador utilizó los datos de casi 1,5 millones de perfiles de inmigrantes ficticios para seleccionar 26 características aleatorias. Entre ellas se incluían su religión, si han sufrido persecución o su empleo. Después, volvieron a analizar las respuestas de las encuestas de los participantes.
Los resultados mostraron que los aspectos culturales, económicos, jurídicos y humanitarios eran los que más influían, y esto se mantuvo constante entre países. “Hubo algunas diferencias entre regiones en cuanto a la magnitud, pero en general los encuestados de contextos muy diversos priorizaban las mismas cosas: el empleo, la educación, el dominio del idioma y el estatus legal”, cuenta Marco Aviña, investigador líder del estudio.
El experto explica que no hay países que sean “proinmigrantes” y otros “antiinmigrantes”, sino que las diferencias más marcadas se suelen producir dentro de los propios países, sobre todo a lo largo de líneas ideológicas y políticas. En general, los inmigrantes eran vistos de manera más positiva cuando se les percibía trabajando, integrados en la sociedad o conectados a través de lazos familiares y comunitarios.
Además, Aviña destaca un aspecto que le llamó especialmente la atención: “Los debates públicos suelen asumir que la nacionalidad es un factor central, pero, según nuestros resultados, su efecto fue menor de lo esperado. Por otro lado, me sorprendió la importancia que tenían los lazos familiares con ciudadanos del país de destino”.
Lea aquí: ¿El estrés crónico nos hace menos inteligentes? Esto dice la ciencia
Según destaca un artículo de profundización que acompaña al estudio, los resultados también arrojaron algunas contradicciones. “Por ejemplo, los participantes tenían una opinión favorable hacia los inmigrantes que huyen de la violencia. Pero al mismo tiempo, creían que no deberían tener una discapacidad física ni sufrir trastorno de estrés postraumático para entrar al país”, escriben las autoras, externas a la investigación. “Los inmigrantes, por lo tanto, se enfrentan a expectativas poco razonables, ya que la misma violencia de la que huyen podría haberlos discapacitado o traumatizado”.
Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.
Asimismo, explican que las políticas migratorias jurídico-políticas suelen categorizar a los inmigrantes según los cuatro tipos de atributos más influyentes y les asignan derechos específicos en función de dichas etiquetas. “Estas dicotomías, aplicadas casi universalmente, a menudo no se corresponden con la realidad que viven los migrantes”, afirman.