Durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX, Antioquia experimentó la inmigración. Ingenieros, comerciantes, médicos, oficiales del ejército y hasta músicos provenientes de Suecia, Francia y Alemania, entre otros, atraídos por la fiebre del oro, atravesaron el Atlántico y navegaron por el Magdalena hasta llegar a este territorio.
Muchos se establecieron definitivamente, se casaron con mujeres de la región y contribuyeron al desarrollo de la minería, de las nacientes industrias, a los métodos de enseñanza e incluso influyeron en la cultura al traer sus costumbres, sus deportes y su música.
“Algunos de ellos montaron pequeñas empresas fabriles y se dedicaron a la producción de alimentos, muebles, cerámica, herramientas de hierro y despulpadoras de café. Otros se vincularon a proyectos de los empresarios medellinenses como socios técnicos”, afirma el historiador Rodrigo García en “Extranjeros en Medellín”, un artículo publicado en 1997 en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República.
De Greiff, Moore, Girardot, Hauesler, Carré y White son algunos de los apellidos que comenzaron a escucharse en Antioquia. Algunos quedaron inmortalizados en los nombres de parques, avenidas o calles; otros dejaron legado en la cultura, en los edificios o con su descendencia. Los siguientes son algunos de los extranjeros que dejaron huella.
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Medellín, emprendedora desde inicios del siglo XX
Louis Girardot
Francia
El padre de Atanasio Girardot nació en París y en 1782, a los 30 años, arribó a la Nueva Granada. La riqueza minera lo atrajo a Antioquia donde se casó con María Josefa Díaz de Hoyos, quien dio a luz a Atanasio Girardot en San Jerónimo mientras se trasladaban de Santafé de Antioquia a Medellín. Louis viajó por varias zonas del país, tuvo éxito en el comercio y la minería, y luchó al lado de los patriotas.
Carlos Segismundo de Greiff
Suecia
Este oficial del ejército sueco llegó a Medellín en 1826, tras los pasos de su hermana y su cuñado. Revolucionó la industria minera en Antioquia al traer el molino de pisón a las minas de Anorí y Amalfi. El mapa de Antioquia que trazó junto con Tyrell Moore, le permitió a Agustín Codazzi levantar el mapa de la provincia. También hizo el trazado del municipio de Amalfi, de hecho, el parque de la población lleva su nombre; en Medellín sobrevive la avenida de Greiff. Entre sus descendientes se encuentra el poeta León de Greiff.
James Tyrell Moore
Inglaterra
Ingeniero inglés, clave en el desarrollo minero en el departamento. Llegó en 1830 y trabajó en las minas de Anorí, allí colaboró con los planos de la iglesia y donó las campanas. En 1848 creó la Hacienda de Fundición de Titiribí y trajo a expertos en minería como Greiffenstein y Haeusler; donó los terrenos para la catedral de Medellín y el parque de Bolívar. Una de las calles que atraviesa el barrio Prado lleva su apellido.
Enrique Haeusler
Alemania
“Mister Aila”, así llamaban a este alemán llegado en 1839 y que nunca logró pulir su español, pero que tuvo una gran influencia en la ciudad no solo porque construyó el puente de Guayaquil que unía a los territorios que el río separaba, sino porque abrió un taller de ebanistería en el que se formaron los artesanos de la ciudad. Fue nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios; Nel Rodríguez, su nieto, sería el arquitecto de edificios como el Palacio Egipcio y el de Bellas Artes, entre otros.
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Pietro Mascheroni
Italia
Este pianista italiano llegó a Medellín en 1933 con la Ópera Bracale, se quedó definitivamente cuando la compañía quebró. Entonces, dirigió coros y las orquestas de emisoras como la de la Voz de Antioquia, y formó a pianistas como Teresita Gómez y Blanca Uribe.
Benedikta zur Nieden
Alemania
Alemana, conoció en un baile a Diego Echavarría Misas y vino a Medellín con él en 1933. Además de las obras que promovieron juntos, doña Dita, como la llamaban, fundó el Colegio Alemán, el Instituto Diego Echavarría Misas, el Isolda Echavarría, fue difusora del pensamiento del pedagogo Rudolf Steiner y donó su casa (El Castillo) para que fuera convertida en museo. Tras vivir casi sesenta años en Medellín, cedió su fortuna y regresó a Alemania a pasar sus últimos años de vida.