Cuando dan a luz, las focas encapuchadas empiezan una maratón. Sus crías deben ganar 28 kilos en apenas cuatro días, así que las alimentan sin parar con la leche más grasosa de todo el reino animal (contiene un 60 % de lípidos). Luego, los recién nacidos deben nadar solos en las aguas gélidas del Océano Ártico. Sin su mamá. Es su naturaleza.
Otra historia es la de los rinocerontes negros. Las hembras de esta especie, en vía de extinción, se toman en serio aquella expresión de “hotel mamá”. Después de un embarazo de doce meses, se dan el lujo de alimentar a su única cría durante dos años. Como no tienen prisa para engordar a sus pequeños, su leche es acuosa y tiene apenas 0.2 % de grasa, la más light de las que se conocen.