Una reunión a ciegas, en una casa particular, galería de arte o espacio campestre. No importa el lugar cuando se decide pagar por una experiencia gastronómica única. Al otro lado de la escena está un chef dando la bienvenida a quien decidió reservar un asiento en la mesa.
En estas citas son pocos los invitados, aunque el misterio despierta el interés de otras personas que se apuntan para la próxima. Las cenas clandestinas o pop-up restaurants, como se le conoce a esta tendencia, no es algo nuevo, aunque sí un fenómeno mundial. Los improvisados restaurantes se instalan de manera itinerante en las entrañas de ciudades de toda la geografía con el único objetivo de emerger como alternativa para que cientos de cocineros den a conocer su identidad...