El mapa abarca una distancia de 11.000 millones de años luz, lo que significa que capturó galaxias en etapas muy tempranas de su formación, cercanas al origen del universo, que se estima tiene unos 13.700 millones de años.
“Este hito permite entender mejor la estructura de las galaxias y cómo se formaron”, explica Luz Ángela García, PhD en astronomía de la Universidad ECCI, en Bogotá.
Durante cinco años, DESI mapeó un tercio del cielo con capacidad para registrar más de 100.000 galaxias por noche. Sus detectores miden el espectro de luz de cada galaxia y calculan cuánto se ha expandido el universo a medida que esa luz viaja hasta la Tierra.
El resultado es una herramienta masiva que servirá para estudiar la energía oscura, el componente que representa el 70% del universo y que actúa como una fuerza que acelera su expansión.
Hasta ahora, la hipótesis dominante era que la energía oscura se comporta como una “constante cosmológica”, el factor que Albert Einstein incorporó a su teoría general de la relatividad para explicar por qué el universo se mantiene en un estado estable de expansión.
Sin embargo, las observaciones de DESI refuerzan una idea distinta a esa. Al parecer, la energía oscura no es estable sino que evoluciona. En 2025, DESI había anunciado que su efecto antigravitacional podría estar debilitándose.
Las implicaciones de esto son profundas. “Auguran un futuro diferente para nuestro universo al que se venía pensando desde que se introdujo la energía oscura en nuestro presupuesto cósmico”, dice García a BBC Mundo.
Si la energía oscura se debilita, cambia el balance entre energía y materia en el cosmos y, con ello, los modelos sobre su destino final. Young Wook Lee, de la Universidad Yonsei de Corea del Sur, señaló en 2025 que ese escenario implicaría “un nuevo paradigma para la cosmología moderna”.
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Una energía oscura suficientemente débil permitiría que la gravedad comenzara a atraer las galaxias entre sí hasta provocar lo que los astrónomos llaman la Gran Implosión o Big Crunch.
Investigadores del DESI planean ahora ampliar el mapa un 20%, hasta cubrir 17.000 grados cuadrados de cielo. Para dar escala a esa cifra, el astrofísico Ethan Siegel explica que “si extiendes la mano con el brazo extendido, la uña del dedo meñique cubre aproximadamente 1 grado cuadrado”.
Para ampliar la referencia, la Luna ocupa unos 0,2 grados cuadrados. Esa versión ampliada incluirá zonas cercanas a la Vía Láctea y áreas donde el brillo estelar o la atmósfera dificultan las observaciones, además de galaxias enanas y corrientes estelares: bandas de estrellas arrancadas de galaxias pequeñas por la gravedad de la Vía Láctea.