Aunque el mercado comienza a moverse, todavía enfrenta frenos estructurales que condicionan la recuperación en 2026. Para Eduardo Loaiza, gerente de Camacol Antioquia, el sector de la construcción viene de tres años de caída permanente: “la inflación elevada, las altas tasas de interés del crédito hipotecario y constructor, los mensajes erráticos del Gobierno Nacional y, especialmente, el desmonte del programa Mi Casa Ya han sido determinantes”, sin embargo se preveía que 2025 sería el inicio de la recuperación, y así sucedió.
Las cifras demuestran que hay una mejoría en marcha, aunque todavía con ciertos rezagos. En el acumulado del año, las ventas de vivienda crecieron 12,4 % y los lanzamientos 13,8 %, pero las iniciaciones de obra cayeron 23,9 %. Es decir, el mercado vende más, pero construye menos, señala Camacol en el balance “Tendencias de la construcción 2025”.
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Para el gerente de Camacol Antioquia, el principal termómetro del sector no está en las obras visibles, sino en un indicador líder: las preventas. “Cuando se dan, los proyectos llegan al punto de equilibrio; cuando eso ocurre, se tramitan los permisos, se inicia la construcción y se activa toda la cadena”. Ese proceso desencadena un efecto multiplicador poco común en otros sectores: “La construcción mueve 34 subsectores de la industria nacional asociados directamente a la obra, sin contar los de dotación, y tiene además el mayor impacto social: la generación de miles y millones de empleos”, subraya.
12,4 %
crecieron las ventas de vivienda nueva en 2025, mientras los lanzamientos aumentaron 13,8 % y las iniciaciones cayeron 23,9 %, según Camacol.
Bancolombia, en su portal Capital Inteligente, advierte que por cada vivienda que inicia obra se venden 1,63 unidades, una señal de absorción del mercado. Aunque este indicador refleja una demanda sólida, también anticipa riesgos de escasez futura y presión sobre precios si la oferta no logra reaccionar.
El panorama financiero también es favorable. “El descenso en las tasas hipotecarias es el motor que está revitalizando el mercado. Hoy los hogares pueden financiar su vivienda con cuotas más manejables y acceder a créditos que hace un año eran inalcanzables”, explica Mauricio Torres Romero, gerente de Ciencuadras.com. Sin embargo, persisten retrasos en los proyectos VIS.
Al respecto, Loaiza señala que “en junio de 2023 las tasas de crédito hipotecario estaban alrededor del 18 %; hoy encontramos tasas desde el 9 % y en promedio entre el 10 % y el 12 %”, una reducción que ha reactivado la demanda.
Al esfuerzo fiscal de alcaldías y gobernaciones —que han implementado programas propios de vivienda para compensar la ausencia de subsidios nacionales— se suma un factor adicional: la demanda acumulada. “No se ha atendido ni el déficit acumulado ni la creación de cerca de 400 mil nuevos hogares al año”, advierte Loaiza.
Remesas, compradores internacionales y un nuevo punto de inflexión
Una de las transformaciones estructurales más relevantes del mercado es su internacionalización. La vivienda dejó de ser un bien estrictamente local para integrarse a flujos globales de inversión, migración y remesas.
Según el Banco de la República, las remesas alcanzaron 12.986 millones de dólares en los doce meses a octubre de 2025 y ya representan 3,6 % del ingreso disponible de los hogares. Este flujo de recursos se traduce en mayor capacidad de compra. Camacol estima que el 12,1 % de las ventas de vivienda nueva corresponda a compradores no residentes, con una participación alta en la No VIS (19,6 %). Estados Unidos concentra el 68,1 % de las compras de extranjeros no residentes, de acuerdo con cifras de Coordenada Urbana.
El balance de 2025 deja una conclusión clara: el sector construcción y vivienda ya salió de la fase más profunda de la contracción, pero aún no ha entrado en una recuperación plena. La demanda empezó a reaccionar, impulsada por mejores condiciones financieras y nuevas dinámicas de inversión, mientras la oferta continúa ajustándose a un entorno de costos elevados, menor apoyo fiscal y mayores exigencias de financiamiento.
De cara a 2026, el reto no solo es vender más viviendas, sino lograr que ese dinamismo comercial se traduzca en nuevos proyectos, empleo y valor agregado. Como advierte Camacol, la recuperación será gradual y dependerá de decisiones de política pública, estabilidad macroeconómica y señales claras que devuelvan la confianza a los inversionistas. Sin esos elementos, el sector seguirá avanzando, pero sin la velocidad que su peso en la economía exige.