Tres motivos muy poderosos tenía Rosalba de Jesús Usma Patiño para caminar ayer por la paz en Medellín, sin importar la lluvia, que aunque nunca fue fuerte, se mantuvo durante casi la mitad de la marcha, que congregó a decenas de miles de personas motivadas por un solo anhelo: la paz de Colombia.
“Uno se llama Dúber Andrés Berrío (de 23 años), desaparecido el 23 de noviembre de 1998; el otro Adrián Giovanni (de 19), que lo desaparecieron el 6 junio de 2002; y Marcela, de 18, que fue asesinada el 16 de junio 2004; a los desaparecidos los buscaré toda la vida mientras no me digan la verdad de lo que pasó con ellos”, relató Rosalba, llorosa, mientras miles de personas caminaban desde el parque de las Luces, de donde partieron a las 5:50 de la tarde, hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe, donde terminó la marcha hacia las 7:45 de la noche.
Rosalba, que cubría su cara con una pañoleta, tal vez para protegerse de la lluvia, escuchaba con emoción las arengas y consignas a la paz que salían de los labios de miles de personas que decidieron dejar la indiferencia y sacar lo mejor de sus corazones para expresar un sentimiento, que parecía represado desde el domingo, cuando por votación no pasó el plebiscito que refrendaría los acuerdos de La Habana entre el Gobierno y las Farc.
“Tenía esa esperanza para conocer la verdad, como todas las víctimas, pero sobre todo las de los desaparecidos, porque la angustia es infinita cuando existe la incertidumbre de no saber qué pasó con ellos”, apuntó Rosalba, víctima como la que más de un conflicto que en la cuentas del Estado suma 7 millones de desplazados y 220.000 muertos.
Eso en el país. En Antioquia, las cifras hablan de 1’200.000 víctimas; 33 masacres entre 1998 y 2010 solo en San Carlos; y de 20 mil a 25 mil habitantes que abandonaron este pueblo entre 1985 y 2010. Así las plasmó en un cartel Mateo Henao, un joven de 18 años que sin ser víctima directa, ha recorrido los municipios más azotados por el conflicto para conocer de cerca las historias de las víctimas.
“La guerra no tiene que tocarle a uno para conocer el dolor. He visto madres sufrir y no quiero que esto siga pasando en mi país, por eso vine a esta marcha, donde no importa si la gente es del Sí o del No, todos somos paz”, decía Mateo, mientras los marchantes gritaban, “el cese, el cese, el cese se mantiene”, o “por la vida, por la paz, guerra nunca más”.