En las últimas décadas, en el mundo, el acelerado crecimiento urbano -al que no es ajeno el Valle de Aburrá-, ha generado procesos complejos de ocupación del territorio, producción, movilidad, hábitos de consumo y otros, que han acelerado procesos de cambio y variabilidad climática, crisis ambientales o contingencias atmosféricas, que ponen en riesgo la biodiversidad, la calidad ambiental, la salud y la vida de todos.
Ante el riesgo cada vez mayor de deterioro, bienvenidas las declaratorias de Emergencia Climática por los gobiernos de Antioquia y Medellín. Momento además oportuno, previa las deliberaciones y posterior aprobación en los concejos y Asamblea, de los planes de desarrollo, que esperamos incluyan transversalmente la declaratoria de Emergencia Climática. La reflexión e invitación respetuosa es a que nos unamos alrededor de estas declaratorias y que se desate el diálogo con los diferentes actores del territorio para los acuerdos de sociedad; la academia, los gremios, los colectivos ciudadanos, ciudadanía en general, con la salud, la vida, la biodiversidad, el conocimiento científico, la capacidad técnica y tecnológica en el centro y retomar planes, protocolos y ejercicios de territorio que han permitido, desde ese acuerdo social -en el caso concreto del aire-, disminuir las concentraciones en alrededor de un 30 %.
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