La muerte de María del Pilar Hurtado, tiroteada en Tierralta, Córdoba, no solo causó conmoción por las imágenes de su hijo, ahora huérfano, sino porque se dio aunque ella aparecía en una lista de amenazados por el clan del Golfo y no fue protegida.
También causó malestar que las autoridades locales quisieran desconocer la condición de activista de Hurtado, antes que lamentar su asesinato y ofrecer su concurso para buscar y capturar a los responsables. El homicidio también obligó la salida del líder Andrés Chica.
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