Cali cerró la fase de salvamiento de vidas y rescate de cuerpos tras el terremoto del pasado 10 de agosto con el hallazgo de Julio Sendoya, un reconocido cirujano que dedicó su vida a ayudar a niños de escasos recursos. Con él finalizaron las labores de rescatistas en medio de los edificios colapsados.
Al doctor Sendoya el sismo de 7,4 lo sorprendió trabajando en su consultorio del edificio Ana Pilar, al sur de Cali. Este sismo provocó que la estructura se desplomara rápidamente, dejándolo atrapado bajo toneladas de escombros de concreto y hierro.
Durante 11 angustiosos días, su familia, amigos y colegas mantuvieron la esperanza de hallarlo con vida, sumando esfuerzos y realizando cadenas de oración; sin embargo, el viernes 21 de agosto, los organismos de socorro localizaron su cuerpo bajo las losas del edificio colapsado. Al ser rescatado, se convirtió en la última víctima mortal recuperada de la tragedia en Cali, con lo cual las autoridades de la ciudad dieron por cerrada oficialmente la fase de búsqueda y rescate para enfocarse en la reconstrucción.
Detrás de ser el último rescatado por los socorristas está la historia de un odontólogo y un especialista en Cirugía Oral y Maxilofacial que, entregado a su profesión, tenía una labor especial.
Como especialista, contaba con una amplia trayectoria en cirugía oral, implantes dentales, cirugía ortognática, patología oral, bichectomía, procedimientos estéticos faciales y aplicación de toxina botulínica. Ofrecía sus servicios en la clínica Dental Care y en su consultorio particular.
Más allá de su amplia oferta de servicios, al doctor Sendoya se le recuerda por su labor humanitaria con niños de familias de escasos recursos. Según el relato a medios locales y el registro a través de sus redes, se conoció que este cirujano, de forma completamente anónima y sin cobrar un solo peso, dedicó gran parte de su carrera a operar a menores nacidos con labio y paladar fisurado (hendido).
Para el doctor Sendoya, reconstruir un rostro iba mucho más allá de lo estético; consistía en devolverle la dignidad, el habla y la posibilidad de integrarse al mundo sin temor al rechazo a niños que solían esconderse por miedo.
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