Frente a crimen urbano y actores de violencia rural, y del conflicto armado, el nuevo gobierno debe mostrar a la ciudadanía que es capaz de llevar el país a un estadio de convivencia más alentador.
11 de junio de 2018
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El azote creciente de disidencias de las Farc, el aumento del hurto y las mafias urbanas de la venta de drogas y otras rentas ilegales, además de la renovada incidencia del narcotráfico en las dinámicas generales de la criminalidad y la violencia en el país, son parte de los retos centrales que deberá afrontar el próximo presidente.
No es un tema menor en un país que se pensó entraría en una etapa de posconflicto tras el acuerdo entre el Estado y la disuelta guerrilla de las Farc. Pero las estadísticas aún elevadas de homicidios, la explosión de otros fenómenos de inseguridad urbana y rural y las hibridaciones de bandas criminales y focos subversivos residuales, reflejan que persiste aquel territorio indomable de una delincuencia capaz de mutar,...