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Serie retos presidenciales: cultura

Los recursos para el sector deben aumentar, no solo porque son pocos sino por la necesidad de afianzar el cambio social en un país que quiere pasar la página de la violencia, e integrarse.

16 de junio de 2018
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Infográfico
Serie retos presidenciales: cultura

La identidad y los procesos culturales colombianos, que aunque tan huérfanos de apoyo logran visibilizarse dentro y fuera del país, no pueden seguir siendo el resultado de iniciativas y talentos dispersos que logran poner en escena la diversidad y la riqueza de facetas creativas de nuestros ciudadanos.

Lograr que la cultura se incorpore a la vida cotidiana y se masifique, al tiempo que se aprecia como un derecho esencial, partirá de articularla con los planes de educación, para que no solo propicie la libertad y la creación sino para que tenga efectos tangibles de productividad y desarrollo, asociada con elementos de tecnología e innovación.

Vista como un elemento transversal que aporta al PIB del país un 2 %, en el espectro amplio de las actividades consideradas culturales, lo que debe buscar el nuevo presidente es que la cultura y sus instituciones y gestores dejen de ser los últimos de la fila, y que se conviertan en sujetos de primer orden de los planes educativos de la nación.

Aunque los últimos ocho años hubo avances en nuevas leyes de cine, patrimonio y fomento, persiste la realidad de un campo de acción del Estado y los ciudadanos (en tanto agentes culturales) plagado de limitaciones, marginalidades, divisiones y falta de visión.

Hay que ampliar la concepción del terreno cultural a numerosas actividades que enriquecen e imprimen rasgos contemporáneos a la identidad de los colombianos del siglo XXI, y acercar a ese imaginario y sus tareas a la empresa privada y los circuitos internacionales de producción y difusión de la cultura.

El próximo presidente debe convertir la cultura en una herramienta esencial de transformación de un país que busca desmontar su trama compleja de fenómenos de ilegalidad y violencia. ¿Qué mejor estímulo y opción para propiciar cambios sociales y comunitarios que la cultura?

Los diferentes balances y exámenes a la asignación de recursos estatales, para el sector, registran un decrecimiento presupuestal sostenido de por lo menos 12 % anual. El contraste es que aumentó la captación de ingresos mediante la promoción y circulación de la creación cultural.

Se reconocen programas como el Plan Nacional de Lectura y Escritura, con mejoras locativas e inauguración de 200 bibliotecas y dotación de 18 millones de libros para la red pública, y el fortalecimiento con tecnología digital, y en general el incremento de los “índices de lectura per cápita” de los colombianos.

El cine muestra indicadores crecientes de producción de largometrajes nacionales y de rodajes internacionales en el territorio, y el nuevo gobierno deberá consolidar el emprendimiento y el circuito de una industria con gran potencial para el empleo y la productividad.

En cuanto al patrimonio nacional, corren días cruciales para que se deje un plan favorable a los intereses culturales, históricos, económicos y de turismo de la Nación, sin dar ventajas en la alianza público privada que se pacte para recuperar los restos y tesoros del Galeón San José, el mayor proyecto de arqueología marina del país en este siglo.

Pero más allá de estas coyunturas, entre tantas, de empresas culturales futuras, es urgente incorporar la formación cultural, con tacto y decisión, al proyecto de educación de un país empeñado en desactivar la ilegalidad y la violencia.

No podremos experimentar una revolución ética y estética, de cambios profundos de mentalidad, sino se traza una ruta permanente para que la gente se eduque en la cultura y se culturice en la educación.

El desconocimiento y desperdicio del talento de nuestros niños y jóvenes se detendrá si hay un gobierno capaz de darle a la cultura un presupuesto fuerte y si tiene la voluntad política para sumarla al proyecto educativo de la nación

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