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La masificación del uso de motocicletas es tan creciente en el país y Antioquia como la alta cifra de accidentes que produce, con muertos, heridos y pérdidas económicas y sociales. Hay que actuar.
En Medellín, durante 2016, iban hasta ayer, 31 motociclistas muertos. En el país, hasta hace una semana, 1.017. Basta pensar en los dramas familiares que ello encarna y en las pérdidas sociales y económicas que arrastran estas cifras, para plantear la necesidad, urgente, de actuar en todos los niveles contra una epidemia que parece convertirse en pandemia: la accidentalidad vial en estos vehículos.
La ampliación del mercado de las motos en Colombia, con modalidades de financiación muy favorables para los compradores, disparó el uso de esos automotores. Son de bajo consumo de combustible, versátiles para la topografía y las vías colombianas y son una solución de transporte para familias de pocos ingresos.
Es evidente que reducen los costos de sus usuarios en tiempo y transporte. Pero la cara problemática del fenómeno es que el aumento de los motociclistas está lejos del fortalecimiento de la cultura vial y el control que requiere.
Por ejemplo, en Medellín, de los 14.055 incidentes viales ocurridos...