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La tensión entre Fuerza Pública y comunidades, ante la erradicación de cultivos ilícitos, convierte varias zonas del país en focos de violencia. Detrás, también, está la presión de mafias y bandas.
La erradicación voluntaria o por la fuerza de cultivos de uso ilícito, especialmente ubicados en zonas de frontera y de corredores fluviales y salidas marítimas, ha detonado una violencia que trajo matanzas y que rompió con la relativa tranquilidad que se vivía en áreas en las que se desmovilizó el grueso de los frentes de las Farc y donde se había desactivado, poco a poco, el conflicto armado con esa guerrilla.
Pero la emboscada y asesinato de tres policías en Cauca, el fin de semana pasado, y la matanza de ocho civiles en zona rural de Tumaco, Nariño, el jueves, se convierten en una alerta temprana de lo que puede venir y que, por supuesto, el Gobierno Nacional debe contrarrestar y evitar: una confrontación de los cocaleros con la institucionalidad...