El drama de accidentes y muertos en carreteras del país exige ajustes en especificaciones técnicas, señalización, control de guardas y tecnológico y campañas pedagógicas. Vamos por mala ruta.
12 de febrero de 2018
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Aunque en 2017 el número de muertos en las vías del país disminuyó después de siete años de una tendencia creciente, la cifra, como lo aceptan las mismas agencias oficiales, “es escandalosa”: 6.806 víctimas mortales. La situación es crítica y obedece a una combinación de factores humanos, de infraestructura y de control que desencadenan a diario una tragedia que sufren decenas de familias que pierden seres queridos o que enfrenta un sistema de salud en el que recae la atención de heridos por la accidentalidad.
¿Es posible frenar este desangre? ¿Qué hacer para disminuir los índices de siniestralidad y de conductores y pasajeros embestidos por un mal inocultable de la vida cotidiana de los colombianos?