Una vez más un extenso y documentado informe mostró el deterioro severo de los recursos naturales en todas las regiones de la Tierra.
Planeta Vivo 2018, reporte del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) entregado la semana pasada, muestra la eliminación sostenida y acelerada de poblaciones animales desde 1970.
De ese año a 2014 se perdió 60 % de 17.000 poblaciones rastreadas de más de 4.000 especies de vertebrados terrestres y de agua dulce.
Detrás de esa pérdida está la demanda humana de energía, de agua y de tierra que ha traído una sobrexplotación de especies, la expansión desbordada de la agricultura y una conversión desenfrenada y poco racional del suelo.
La huella ecológica dejada por los humanos creció 190 % en el periodo, siendo para las distintas especies una amenaza más directa que el mismo cambio climático.
Llama la atención que la disminución fue más severa en Centro y Suramérica, donde las especies perdieron 89 % de las poblaciones, si bien la ocupación de los espacios naturales por los humanos es general: hoy solo queda un cuarto de la superficie sin actividades humanas, y se espera que sea solo un décimo a 2050.
Planeta Vivo puede ser tomado como una radiografía descarnada y preocupante sobre el futuro de la Tierra, pero también como un punto de partida para comenzar a reversar la situación hacia un mundo en el que todas las especies que lo poblamos quepamos sin problemas.
Bien lo dijo Tanya Steele, directora ejecutiva de WWF en el Reino Unido, “esta es la primera generación que sabe que está destruyendo el planeta y la última que puede hacer algo al respecto”.
Antioquia, por ejemplo, acaba de dar muestra de que hay esperanzas. La Expedición Colombia Bio a Anorí encontró una biodiversidad tan rica que los científicos de varias universidades se sorprendieron al encontrar 14 especies nuevas en una pequeña parte de la selva de ese sector del Nordeste, aparte de que identificaron 1.022 en solo 12 días.
Aunque en los alrededores se siente la presión de actividades humanas sin control como la minería y la tala de árboles, adentro la selva es prístina y respira vida, e invita a su conservación.
Si bien Corantioquia ya declaró un sector de Anorí como área protegida, esta corporación, el Ministerio del Medio Ambiente y la Gobernación de Antioquia tienen la oportunidad de mostrar que la conservación sostenible de nuestros recursos no es una utopía, fuera de que deben actuar con prisa para asegurar la preservación de las especies y el estudio de ese tesoro natural.
Se asume que la naturaleza está ahí y lo estará para siempre, pero ya está claro que no es así con la huella ecológica tan alta que dejamos en ella.
Tenerla por tenerla se justificaría por sí solo, pero la necesitamos también por los servicios que brinda, desde medicinas e infinidad de productos, a estabilidad financiera. Unos servicios que expertos han avaluado en más de 125 billones de dólares.
Si queremos un mundo con todos y para todos, con aire y agua limpios, y alimentos suficientes, hay que comenzar a recuperar lo que hemos destruido y a cuidar lo que aún sustenta nuestro modo de vida.
No consumir más de lo que la naturaleza ofrece debe ser la premisa inicial para un planeta en verdad vivo. Y esto, se ve, es posible.
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