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Debate que no es contra la paz

Tanto la carta del excomisionado Luis Carlos Restrepo como la respuesta del expresidente Uribe son ejercicios sanos y legítimos de deliberación política frente al asunto crucial de la paz.

30 de diciembre de 2014
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Infográfico
Debate que no es contra la paz

Hace poco más de una semana el excomisionado de Paz de la Administración Uribe Vélez, Luis Carlos Restrepo, envió a sus copartidarios del Centro Democrático una carta en la que consideraba que el anuncio de las Farc de hacer un cese el fuego unilateral e indefinido “deja en claro la debilidad del gobierno en la mesa de diálogo”. Señalaba que son las Farc las que tienen la iniciativa política y marcan la pauta en el proceso.

Sin embargo, pasaba luego al verdadero mensaje que quería transmitir: si es irreversible un proceso de cambios políticos, y si, a su juicio, son las Farc las que están monopolizando las propuestas, lo ineludible es dejar de mantenerse en la sola crítica y pasar al escenario de las iniciativas, máxime cuando el cese de hostilidades era una de las exigencias inamovibles del Centro Democrático. Eso, en esencia, fue lo que le dijo Luis Carlos Restrepo.

La respuesta del jefe del partido se conoció ayer. El expresidente y senador Álvaro Uribe ratifica su visión de este proceso de diálogos como una forma de claudicación del Estado y de humillación a las Fuerzas Armadas y una amenaza a la economía.

Más allá de los puntos que el expresidente reitera, hay tres que vale la pena examinar: su propuesta de un Órgano Legislativo Transitorio (OLT), como alternativa a la constituyente, que juzga peligrosa; la criminalización que, a su juicio, padecen quienes hacen críticas al proceso de paz; y la tercera, su visión de que la reforma tributaria y la política económica del Gobierno constituyen un adelanto de lo que será una inminente implantación del “castrochavismo” en nuestro país.

La propuesta del OLT, a pesar de sus dificultades logísticas de convocatoria, organización, conformación y de compatibilidad con las funciones del propio Congreso, no es descartable. Antes bien, es perfectamente debatible por lo que de mayores ventajas traería frente al cheque en blanco que siempre es una asamblea constituyente.

El segundo asunto es preocupante, por lo que implica el cercenamiento de la capacidad crítica de la oposición democrática y de las voces que discrepan de las políticas oficiales, sean las de la paz o cualesquiera otras. Ha habido señalamientos y estigmatizaciones contra quienes expresan objeciones a La Habana, lo cual no promueve una paz ni real ni sostenible.

Y el último punto es un asunto que más que valoraciones políticas o ideológicas, admite debate, acudiendo a cifras y números. Veamos:

Frente a las preocupaciones del expresidente Uribe sobre el “grave riesgo para la economía privada”, vale señalar la reciente declaración de la Junta Directiva del Banco de la República en el sentido de que “la demanda interna continúa mostrando un dinamismo sano en un contexto cercano a la plena utilización de la capacidad productiva”.

Por otra parte, aunque las cifras de inversión extranjera directa podrían respaldar la preocupación sobre la confianza y la inversión internacional (a noviembre disminuyó 7,5 %), el aumento de la del portafolio (154,5 %) muestra lo contrario. Por tanto, en un entorno internacional difícil, Colombia todavía se mantiene en el radar de los inversores.

E independiente de los probables efectos negativos que sobre la inversión y la producción tiene la reciente reforma tributaria, para 2015 diferentes fuentes, incluido el propio gobierno, prevén una reducción del crecimiento, resultado, en buena parte, de las dificultades externas. A pesar de ello se espera que algunos sectores, como la industria y la agricultura, recuperen su dinamismo, lo que conlleva que, antes que verse amenazada, la inversión privada se siente estimulada.

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