La corrupción, aceptada, practicada o ignorada también por los ciudadanos, debe convertirse no solo en asunto de conciencia sino en debate y campaña permanente desde y para la sociedad civil.
05 de febrero de 2017
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Las investigaciones demuestran que en los entornos donde la corrupción se proyecta desde los niveles institucionales y los actores del poder, los ciudadanos tienden a aceptar y a caer en prácticas deshonestas. Como suele ocurrir, los seres humanos somos un reflejo de las experiencias y los ejemplos que recibimos en el orden de las jerarquías familiares y sociales. Pero no es menos cierto que una sociedad adormecida e incapaz de pincharse la conciencia y de buscar sanciones y controles (legales y éticos, prácticos y simbólicos), frente a la ilegalidad y las trampas, no podrá salir del lodo, de los círculos viciosos que traza la corrupción.
Para cerrar este tríptico de editoriales de domingo que nos propusimos para analizar la corrupción desde...