Cervantes y Shakespeare son los dos paradigmas de la literatura occidental en los tiempos fulgurantes que transcurrieron entre el Renacimiento y el comienzo de la Modernidad. Cuatro siglos atrás, que están cumpliéndose por coincidencia en este 23 de abril de 2016, los dos genios alcanzaron la inmortalidad como creadores de los nuevos arquetipos de la novela desde el idioma español y del teatro desde la lengua inglesa.
Ambos escritores tuvieron en común haber vivido en una época de transición caracterizada en la literatura por la invención de un universo de personajes que representaron la vida diaria en su sencillez y su complejidad, en sus grandezas y miserias. Los dos colmaron sus obras de gente que hasta entonces no había hecho protagonismo significativo en la cultura literaria. Reflejaron el sentido humano renacentista y convirtieron los libros novelescos y dramáticos en focos de atracción popular, mucho más que en objetos de culto reservados antes a la realeza, la nobleza y la clerecía.
La España de Cervantes sostenía desde finales del Siglo XV la jerarquía de potencia imperial. Consolidaba el fortalecimiento político por la unión de los reinos de Aragón y Castilla, el Descubrimiento de América, la derrota de los moros en Granada y el poderío militar en Europa. No obstante, un siglo después sobrevino el descaecimiento de aquel poderío. Pero la Península había aprendido las lecciones renacentistas y tanto en la literatura como en las artes vivía la ebullición creativa del Siglo de Oro y el barroco, mientras el resto de Europa asimilaba las ideas modernas de la racionalidad. Y en la Inglaterra de Shakespeare, agitada también por las discordias religiosas y políticas, nacía el Teatro Isabelino, que permitía el acceso de espectadores de todos los estratos.
No han alcanzado las palabras, ni en español ni en inglés, para efectuar la ponderación exegética o la interpretación hermenéutica de Cervantes y Shakespeare. Autores magistrales han estudiado sus obras desde puntos de vista diversos. El amor y el poder, la libertad y la justicia, el derecho y la moral, los mensajes a las generaciones de entonces y las actuales, son cuestiones que, para los lectores de hoy, siguen asegurando la vigencia trascendente de los dos colosos de la literatura. Se ha dicho que en El Quijote comienzan la Libertad, el espíritu de lo razonable, la valoración de la mujer. Que Shakespeare transformó el mundo en su escenario y reinventó la palabra para convertirla en horma de pasiones tormentosas como el amor, la locura, los celos y la muerte.
Están efectuándose reflexiones críticas, estudios académicos, análisis novedosos y una amplia variedad de eventos universitarios y mediáticos en el mundo hispánico y el orbe angloparlante. A la conmemoración se asocia la recordación del cuarto centenario de la muerte de Garcilaso Inca de la Vega, primer escritor americano en castellano. En Colombia, tal parece que se renueva en estos días el interés en la vida y la obra de los dos personajes y la invitación a emprender la aventura de leerlos como fuente de conciencia ética y de comprensión de la condición humana, variable y desconcertante. Que no sea esa lectura una dedicación ocasional y fugaz, sino el punto de partida de un reencuentro con los fundadores geniales de la novela en español y el teatro en inglés, en este cuarto centenario de su paso a la posteridad.
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