La guerra de los extremistas islámicos está fuera de los campos de batalla. Ocurre en medio de civiles inermes, en Navidad o en una exposición de fotografía. Se desata allí donde nadie la espera.
21 de diciembre de 2016
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Las contradicciones asaltan a los gobiernos de Alemania y Rusia tras los ataques perpetrados por extremistas islámicos. De un lado, el gobierno de Angela Merkel se pregunta si el autor de un atropello masivo de peatones, en un mercadillo de Berlín, era un inmigrante. En su país, un gran número de personas ha defendido el derecho a que miles de expulsados por el conflicto en Siria e Irak reciban asilo. Y Rusia, en contraste con el poderío de su aviación y su ejército, ha visto caer a su embajador en Turquía, Andréi Karlóv, asesinado por un policía que se mostró turbado por la destrucción causada tras los combates y los abusos en Alepo.
Occidente recibe, así, la notificación que reitera que lo peor de las prácticas terroristas del autodenominado...