Para la economía mundial, el comienzo de 2016 no ha sido fácil, pues diversos eventos (como el descenso del precio del petróleo y la caída de las bolsas) confirman que, a cuenta de los riesgos que subsisten y de las debilidades que enfrentan algunos países emergentes (como China), el ambiente económico estará dominado por la incertidumbre y la volatilidad.
El reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las perspectivas económicas mundiales destaca cómo el crecimiento mundial es débil y desigual entre países.
En este orden de ideas, el FMI redujo levemente su estimativo de crecimiento global para este año y el próximo, situándolos en 3,4 por ciento y 3,6 por ciento respectivamente.
En cuanto a lo que pasa con las economías emergentes, los pronósticos indican un repunte lento, pues pasarían de crecer 4,0 por ciento el año pasado a 4,3 y 4,7 por ciento en 2016 y 2017.
El panorama para América Latina, y especialmente para el bloque suramericano, no luce muy prometedor, pues la región continuará en recesión. Para 2016 se estima una nueva contracción (-0,3 por ciento). En esto tienen mucho que ver los problemas que enfrentan Brasil, Venezuela, Ecuador y Argentina.
Por su parte, las otrora estrellas del desarrollo regional presentan bajas tasas de crecimiento. En particular, para 2016 se estima que Perú avance 3,3 por ciento, que Colombia lo haga en 2,7 por ciento y Chile en 2,1 por ciento. Ello pone de presente cómo las nuevas realidades globales las han forzado a realizar drásticos reacomodos.
En este sentido, en las últimas semanas el país ha visto cómo, frente a la caída persistente del precio del petróleo, la mayor devaluación del peso y la agudización del fenómeno de El Niño, las autoridades económicas han tenido que adoptar medidas tendientes a recuperar la perdida estabilidad macroeconómica.
Así, el Gobierno se vio forzado a apretar aún más los egresos, para lo cual definió una serie de recortes que hacen parte de lo que se ha denominado como “austeridad inteligente”, con la que se pretende que el gasto público sea solo el necesario, pero sin afectar los programas sociales prioritarios.
En cuanto a la política monetaria, el viernes pasado la Junta Directiva del Banco de la República definió un nuevo incremento de la tasa de interés de intervención de 25 puntos porcentuales. De esta forma, dicha tasa se sitúa en 6,0 por ciento.
La principal motivación para esta decisión continúa siendo la persistencia de la inflación motivada por los “incrementos mayores que los esperados en los precios de los alimentos y aumentos adicionales de la tasa de cambio”. Esto ha ido acompañado de unas expectativas de inflación altas.
El Emisor espera que el crecimiento para 2016 sea de 2,7 por ciento, resultado de “una demanda interna que se seguiría ajustando al menor ingreso nacional”. Este reacomodo llevaría a que el déficit de la cuenta corriente se reduzca “de niveles cercanos a USD 19 mil millones en 2015 a USD 16 mil millones en 2016”.
Las señales que emiten las autoridades económicas van en la dirección de asegurar que, al tiempo que se enfrentan los mayores riesgos derivados de la situación fiscal y comercial, la economía colombiana continúe con su proceso de ajuste.
Ello, aunque genera costos para los hogares, expresados en menor crecimiento y mayores precios, debe servir para afianzar la estabilidad.
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