Samuel CastroEditor Ochoymedio.info.Twitter: @samuelescritorEn una escena casi al final de Atómica de David Leitch, un viejo televisor muestra a un presentador de noticias anunciando un informe acerca del sampleo, preguntándose si ese ejercicio de “tomar prestadas” secuencias de alguna canción y acomodarlas en otra era un homenaje, o un nombre alternativo para el plagio. Ese momento chiquito se convierte en el fragmento más autoconsciente de la película, pues es como si al final el director y los productores nos interrogaran: ¿Piensan que nos quedó bien la mezcla o nos pasamos en los sampleos?
Hay que decir que la mezcla funciona muy bien, pero no es particularmente memorable. Atómica nos presenta a una criatura feroz, una combinación de pelo rubio (casi blanco) y gafas oscuras, diseñada para volverse icónica (o para posibles secuelas), en la figura perfecta de Charlize Theron, que aquí es Lorraine Broughton, una agente de la inteligencia británica a quien le asignan la misión de ir a Berlín...