En el comienzo es el piano. Una serie de progresiones arpegiadas, robustas, tocadas con fuerza inusitada. Representa al genio que habita la casa en la que casi todo ocurre en El hilo fantasma, Reynolds Woodcock. Solo escuchamos el piano durante varios minutos, hasta que comienzan a oírse instrumentos de cuerdas que contribuyen con sus notas a hacer más bello algo que, sin embargo, ya sonaba perfecto. Es la metáfora que Jonny Greenwood, el compositor de la maravillosa música original de la película, encuentra para hacernos entender que el cimiento principal de esa casa de modas es la energía de Woodcock, y que las cuerdas son las costureras a su servicio, que añaden pliegues y zurcen y cosen, para que sus vestidos, que son obras de arte, sean...