En materia de principios, hay que decir que Naciones Unidas, la Unión Europea y otras instancias tienen oídos sordos en cuanto a acompañar un proceso que involucra a una organización responsable de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra.
A la ONU le debemos la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, y más recientemente la creación de la Corte Penal Internacional, pero ahora se deja seducir por la palabra paz, expuesta de manera engañosa por nuestro gobierno.
Con tal de que no se produzcan más atropellos y crímenes por las Farc, los colombianos debemos olvidarnos de los graves delitos cometidos por esa guerrilla. Por eso la pregunta: ¿dónde quedan los principios de la ONU frente a la impunidad en este caso?
Ahora, en el terreno más específico de la verificación, se espera que los sitios de concentración de la guerrilla no queden en zonas de frontera con otros países (para evitar tránsito de ilegales, armas o drogas) y que no estén en áreas de influencia de otros grupos ilegales, para que no se dificulte identificar y combatir responsables de crímenes.
Lo ideal es que haya franqueza, en beneficio de la paz, pero los cuestionamientos son numerosos y por eso la crítica al papel de la ONU.
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