El Estado ha fracasado en el intento de hacer una presencia real, integral y permanente en los territorios de la ciudad. No porque no tenga la capacidad sino por falta de voluntad política de esforzarse para lograrlo. En el mapa de la criminalidad se descubre que la mayoría de las organizaciones lleva 20 o más años en esas áreas.
Así queda en cuestión el discurso del Estado de que llegó para quedarse. En la Comuna 13 hubo operaciones en 2002 (contra milicias), en 2005 (paramilitares), en 2008 (herederos de Sebastián y Valenciano) y 2013 (frente a “pacto del fusil”). Todo el tiempo anuncian planes integrales y luego se vuelve a lo mismo.
Los grupos subsisten porque tienen nexos muy fuertes y profundos con sectores de la legalidad política, económica y social. Entonces, encararlos y erradicarlos tiene un costo social y político que ningún gobierno quiere asumir.
Una acción a fondo requiere cerrar la brecha de inequidad y fortalecer el tejido social y organizativo.
Soy muy escéptico frente a las capturas para desbaratar las estructuras criminales. La única organización derrotada y desaparecida fue el Cartel de Medellín. Las demás se han recompuesto y reorganizado. Esta figuración del Alcalde es espectáculo para los medios que no resuelve nada.
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