Contaban las abuelas a sus nietos en tiempos de los romanos que la diosa Juno, hermana y esposa del patrón del Olimpo, Júpiter, era la única que podía verlo entre las nubes donde escondía sórdidos secretos, incluyendo, de vez en cuando, una que otra amante. Más de 2.000 años después otra Juno, hecha de Aluminio, Silicio y Titanio, se ha aventurado alrededor del otro Júpiter, el gigante del Olimpo espacial, para descubrir entre sus nubes de hidrógeno, amoníaco y metano y su cuerpo de hidrógeno líquido, secretos que ha mantenido guardados.
Nos referimos a la nave Juno que acaba de “parquearse” en una órbita ovalada. La ciencia a bordo no ha comenzado y ya las apuestas están sobre la mesa. En casi dos años que dura la misión y si nada extraordinario ocurre, Júpiter nos habrá entregado por las buenas o por las malas, algunos de sus secretos: ¿tiene un centro duro como un aguacate o es líquido hasta los tuétanos como una sandía?, ¿está su atmósfera muy seca o tiene vapor de agua como lo esperan la mayoría de astrónomos?, ¿cuál es la fuente de sus enormes auroras polares? (una de ellas puede medir de lado a lado tanto como 5 Tierras) ¿son producidas por partículas provenientes del Sol o por los gases eruptados por sus lunas?.
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