Es muy grave y ratifica lo denunciado desde hace varios años: aunque es evidente que la violencia ha disminuido, en particular los homicidios, sobreviven estructuras criminales poderosas que son capaces incluso de plantearse un plan para asesinar al alcalde de la segunda ciudad del país. Por supuesto, hay que rechazarlo y rodear a Federico Gutiérrez y nuestra institucionalidad.
Pero hay más elementos: es inquietante que los grupos armados ilegales tengan acceso a información privilegiada de los consejos de seguridad. Ello retrata la capacidad de penetración del crimen organizado en los espacios y las estructuras de gobierno y policía. Obliga la pregunta: ¿con una institucionalidad tan permeada por los criminales, usted cómo puede luchar contra ellos y con qué niveles de confianza en la estructura de seguridad del Estado?
En esa misma dirección nos sorprendió, igual que al Alcalde, la tardanza para enterarlo de esa amenaza. ¿Cómo se demoran tantos días en advertírselo? Al alcalde Alonso Salazar le ocurrió algo similar.
Estamos ante un hecho grave, que demanda solidaridad ciudadana y respuestas. Y saber si estamos dispuestos a tener menos homicidios con un crimen de bajo perfil, o si se le enfrenta y se asume que ello pueda afectar algunos indicadores de violencia.
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