En mi visión, no es una guerra de civilizaciones. Es un error decir que se trata de un conflicto Oriente-Occidente. La mayor parte de los muertos los ponen pueblos musulmanes: kurdos, iraquíes, sirios...
El grado de “brutalidad” es relativo. En efecto, ellos son brutales, pero la historia de la humanidad incluye actos de brutalidad iguales o peores. ¿O cómo medirlo? ¿Hay un “brutalómetro”? Hay un discurso mediático bastante parcializado para leer unos fenómenos y otros no. Reducir el “Estado Islámico” a las decapitaciones es perder la perspectiva de sus alcances político-religiosos, totalmente terribles y peligrosos. Las decapitaciones son aterradoras, pero lo que debe preocupar es el fondo de su proyecto, causas y orígenes.
Sin duda, tienen un aparato de propaganda poderoso y cuando usan el inglés en sus videos y revistas lo hacen para dirigirse al mundo europeo y estadounidense, más que al mundo árabe y musulmán. Buscan enemigos y lo hacen a partir de definirse como puros y al resto como infieles.
Pero el mundo solo se afana por los asesinatos de París, aunque no se inquieta con los cientos de muertos entre musulmanes en Bagdad, Kobane, Alepo o Dara. No puede haber más esa doble moral: que los muertos musulmanes sean menos muertos.
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