viernes
2 y 8
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Estación Barullo, cuerpo este que se parece al Odradek de Kafka (aparece en Preocupaciones de un padre de familia) y nadie ha sido capaz de dibujar a pesar de las instrucciones dadas. O sea que es una confusión, un enredo (un barullo con sub-barullos), algo de lo que brotan hilos y tuercas, llenos y vacíos, pero no se les sabe el origen ni, finalmente, para qué sirven. O lo peor, si hacen parte del enredo o son un mero anexo para enredarlo más. Y bueno, en esta estación se reúnen gentes con tapabocas y la nariz por fuera, con ropas anchas o estrechas, alteraciones en lo que dicen y frases que se pegan unas a otras por cualquier parte, ampliando el barullo, confundiendo la idea y yendo de un sitio a otro sobre una superficie de aceite, que es la más resbalosa. Y en esto de moverse, cuadrar y descuadrar, estirar o encoger, los tiempos pasan, el encierro se siente más y los malos alientos aumentan.
La lógica, que se enseñaba ya en la Edad Media, en las escuelas catedralicias y en la Universidad de París (la escolástica es aprender a argumentar), pareciera que no logra situarse en estas tierras calientes y de aguaceros imprevistos, donde los diablos son tantos que se los hubiera querido John Milton para su Paraíso perdido o el Dante para sus círculos del infierno. Y no sé si sea el clima (los calores dilatan los cuerpos), pero no pasamos de amasar apariencias, deseos y delirios. La lógica enseña a mirar los opuestos y trazar entre ellos un punto medio (Aristóteles), hacer una pregunta clara, disputarla y al final construir una lección (elemento positivo y probado) que permita ver lo que pasa, darle cuerpo y establecer como premisa para que ya no haya error. Pero no.
Pensar es dudar y en la duda aparece la evidencia para analizar, sintetizar, situar y relacionar con aquello que la aclara más. Esto lo tenía claro René Descartes, estableciendo que la razón es lo que es (una certidumbre) siempre y cuando no se mezcle con cosas que no son. Pero si a la razón se le adjuntan barullos, si se la cubre con lo que no es pertinente convirtiéndola en fantasía o llevándola por caminos que la desvirtúan, esta deja de serlo y se convierte en sinrazón, caos, delirio y lo que se busca ya no se encuentra y se vuelve una apariencia mayor. Y ahí sí, lo que tenía forma se deforma.
Acotación: que vivimos en un barullo permanente, no se puede negar. Y en ese barullo en el que se enredan las cosas, se miente y se sale por la tangente, se opaca la claridad (creando el enredo) y aparece la tensión, la desconfianza y un malestar creciente. Y encerrados, don Quijote lucha contra los odres de vino, a oscuras y sin calzones.