Prender los motores de la economía mundial, luego de un apagón intempestivo, resultó mucho más complejo de lo que se creía. Un año y medio después del cierre total para mitigar la expansión de la pandemia, el comercio internacional no logra reponerse, aunque en cada almacén hay personas buscando nuevos productos, en una reactivación de la demanda muy acelerada.
Eternas filas de buques fondeando en el mar y camiones en la entrada del puerto de Los Ángeles, el más grande de los Estados Unidos, causaron extrañeza y sirvieron para explicar lo que por meses han venido reclamando los importadores y exportadores del mundo: no hay manera de mover los contenedores al ritmo que lo requiere la demanda. Ni siquiera los turnos de 24 horas diarias de funcionamiento,...