En Colombia, el principal desafío del sector asegurador sigue siendo la baja cultura de prevención. Según el Estudio de dimensionamiento de la demanda de seguros en Colombia, realizado por Aseguradora Solidaria al cierre de 2025, el 62% de los colombianos no cotiza ni busca información sobre pólizas.
Sin embargo, en Medellín la situación es aún más alarmante. De acuerdo con el estudio, la brecha de aseguramiento es profunda, solo el 9,2% de las personas cuenta con seguros voluntarios, lo que significa que más del 90% de la población permanece sin este tipo de protección ante imprevistos.
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Preocupación sin acción: la paradoja del mercado en Medellín
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la desconexión entre el sentimiento de riesgo y la toma de decisiones.
Es decir, aunque más del 70% de los ciudadanos manifiesta preocupación frente a posibles siniestros, ese interés no se traduce en la compra de una póliza.
En la ciudad, el 79,5% de las personas no ha cotizado un seguro en el último año y el 80,6% no tiene intención inmediata de adquirir uno. Para Samanta Arango Paredes, líder del estudio y directora de mercadeo en Aseguradora Solidaria, el problema en Medellín no es de capacidad económica, sino de “activación”.
“Las personas reconocen los riesgos, pero no están dando el paso hacia la protección. El seguro sigue vinculado principalmente a obligaciones o necesidades inmediatas”, explica Arango.
¿En qué se aseguran los paisas?
Incluso entre el pequeño grupo que sí está asegurado, la cobertura se concentra en productos básicos o de carácter obligatorio.
SOAT lidera la participación el 23,66%. Le siguen seguros exequiales con 18,59%, Vida con el 16,55% y salud complementaria con 14,46%.
Las empresas, un motor económico que opera sin “blindaje”
La falta de blindaje con seguros no es exclusiva de los hogares. Aunque el mercado empresarial en Medellín alcanza los $511,07 mil millones, solo el 31,1% de las compañías cuenta con seguros.
Esto deja a casi siete de cada diez negocios expuestos a riesgos que pueden comprometer su sostenibilidad a largo plazo.
Para Arango, el dato es especialmente crítico considerando que el 85% del tejido empresarial de la ciudad está compuesto por microempresas. “Muchas de estas unidades productivas operan bajo la percepción de que el seguro es un gasto costoso y no una inversión para la continuidad del negocio”, detalla la directiva.
Asimismo, menciona que el sector está evolucionando para captar a las nuevas generaciones. Mientras que la Generación X se enfoca en vivienda y autos, la Generación Z prioriza su “patrimonio tecnológico” como celulares, computadores y patinetas eléctricas.
En esa misma línea, el rubro de mascotas se ha convertido en un dinamizador clave para cerrar la brecha mediante canales digitales más ágiles.
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¿Las aseguradoras sí cumplen?
Una de las barreras históricas para el crecimiento del sector es la desconfianza sobre el pago de siniestros. Sin embargo, las cifras de la industria desmitifican este temor.
Según datos de Fasecolda, al cierre de 2024, las compañías de seguros pagaron a sus asegurados un total de $25,4 billones en indemnizaciones.
A nivel local, Aseguradora Solidaria reportó pagos por más de $14.000 millones en siniestros durante el último año, “reforzando el mensaje de que el sistema sí responde cuando ocurre lo inesperado, ya sea un incendio, un terremoto o una emergencia de salud”.
Para combatir la idea de que asegurarse es un lujo, Arango dijo que el mercado está lanzando productos inclusivos.
Puso algunos ejemplos locales, en Medellín, ya existen alternativas de microseguros con costos que oscilan entre los $10.000 y $20.000 mensuales, diseñados específicamente para proteger el patrimonio de las familias más vulnerables y las herramientas de trabajo de los pequeños emprendedores.
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