Lo que parece una certeza absoluta, que un día dura 24 horas, en realidad está cambiando, aunque mientras usted trabaja, está en el transporte público, disfrutando con su familia o durmiendo, no lo perciba. La Nasa confirmó que la rotación de la Tierra presenta variaciones medibles, un fenómeno que ya está alargando, poco a poco, la duración de los días.
El ajuste es mínimo, apenas milisegundos, pero no es irrelevante. Estos cambios obligan a recalibrar sistemas tecnológicos globales como el GPS y las telecomunicaciones, que dependen de una sincronización extremadamente precisa.
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Un planeta que nunca ha sido completamente estable
La idea de un día fijo es más una convención que una realidad física. Desde su formación, hace unos 4.500 millones de años, la Tierra ha ido frenando su rotación. En sus primeros tiempos, un día duraba apenas seis horas; luego pasó a 19 horas hace 1.500 millones de años, y más adelante, a cerca de 22.
El principal responsable histórico de este “freno” ha sido la Luna. Su atracción gravitacional genera mareas que actúan como un sistema de resistencia natural, alargando los días a un ritmo aproximado de 1,7 milisegundos por siglo.
El cambio climático entra en escena
A ese proceso natural se suma ahora un factor más reciente: el cambio climático. Investigaciones respaldadas por la Nasa muestran que, desde el año 2000, el alargamiento del día se ha acelerado por causas ambientales.
El deshielo de glaciares, la pérdida de agua subterránea y el aumento del nivel del mar redistribuyen la masa del planeta. Esa redistribución altera el eje de rotación y ralentiza el giro terrestre.
Las proyecciones apuntan a que este efecto podría alcanzar los 2,62 milisegundos por siglo hacia finales de este periodo, superando incluso la influencia histórica de la Luna.
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Cuando la actividad humana también pesa
Más allá del clima, ciertas intervenciones humanas a gran escala también dejan huella. Un caso emblemático es la Presa de las Tres Gargantas, en China, cuya enorme capacidad de almacenamiento de agua ha sido suficiente para modificar ligeramente la distribución de masa terrestre.
El resultado es que el día se alargó en 0,06 microsegundos y el eje del planeta se desplazó levemente.
No todos los eventos empujan en la misma dirección. Grandes terremotos pueden acelerar la rotación terrestre. El ocurrido en el océano Índico en 2004, por ejemplo, acortó la duración del día en 2,68 microsegundos debido al movimiento de las placas tectónicas.
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¿Un día de 25 horas?
Aunque suene lejano, los científicos consideran que la tendencia es que la Tierra gira cada vez más despacio. De mantenerse las condiciones actuales, el planeta podría llegar a tener días de 25 horas... pero en una escala de tiempo de unos 200 millones de años.
Por ahora, el cambio es imperceptible para la vida cotidiana. Sin embargo, para la ciencia y la tecnología, cada milisegundo cuenta.