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Empresas | PUBLICADO EL 25 octubre 2020

El fin del enamoramiento idílico con los gigantes de internet

  • Google, en la mira en EE. UU. FOTO: AFP
    Google, en la mira en EE. UU. FOTO: AFP
  • Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP
    Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP
  • Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP
    Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP
  • Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP
    Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP
  • Google, en la mira en EE. UU. FOTO: AFP
    Google, en la mira en EE. UU. FOTO: AFP
  • Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP
    Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP
  • Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP
    Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP
  • Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP
    Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP
Juan Diego Quiceno Mesa

En Tiempo Muerto, el relato de Margarita García Robayo del fin de un matrimonio, Lucía se extraña de aquella relación que mantiene. Lo verdaderamente raro, dice, “es mirar al otro y preguntarse quién es, qué hace ahí (...)”. Ahí, sentado en el banquillo, rodeado de ceños fruncidos, Mark Zuckerberg intentó responder en 2018 qué era Facebook y qué hacía. Intentó salvar la confianza, ya rota, en Silicon Valley. “Fue mi error y lo siento”, pidió perdón. No bastó. La ruptura alcanzó esta semana a Google.

Había un enamoramiento puro con el sector de las tecnologías. Todo el mundo se entregaba a sus maravillas. Eso cambió en 2016”, recuerda José Torres Nuevo, socio de Lexia Abogados, experto en derecho tecnológico y ex-fellow del Stanford Legal Design Lab. La revelación de que gobiernos extranjeros habían usado Facebook, Twitter y Google para injerir en las elecciones en las que Donald Trump ganaría, levantó por los aires la ingenuidad de la internet.

Nadie había pensado que se podía usar para ese tipo de cosas, señala Nuevo. Sin la ceguera del amor, la marea cambió. Zuckerberg en abril; Jack Dorsey (CEO de Twitter), en septiembre; Sundar Pichai (Google), en diciembre, todos pasaron por el congreso de EE.UU. pidiendo perdón, dando explicaciones con cara de circunstancia. El pasado martes, y tras una investigación de un año, el Departamento de Estado ha llevado la desconfianza a los tribunales: Google enfrentará una demanda que podría cambiar la internet.

“Este es posiblemente el caso más importante de derecho de competencia en el mundo en muchos años”, explica German Flórez, director de la línea de maestría en Derecho digital de la Universidad Sergio Arboleda. Nacido de la pretensión de “ordenar internet”, Google es acusado de “ordenar” el mundo a su favor. La investigación del Departamento de Estado reúne muchos elementos, resume Flórez, entre ellos, el pago millonario que Google habría hecho a Apple para predeterminar a su navegador en Safari. Pero no es lo único.

Google es transversal a toda la cadena de valor de internet, agrega Juan Pablo Salazar, abogado experto en derecho cibernético, “desde tener almacenamiento en la nube, pasando por la creación y distribución de contenidos; plataforma de búsquedas; dispositivos móviles; automatización de vehículos; y el software (Android) que tiene la gran mayoría de teléfonos. Es evidente que tiene un poder bastante grande sobre el futuro y presente de la internet”. La clave es cómo lo hizo.

Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP
Zuckerberg en el Congreso. FOTO AFP

“Lo que está indagando el Departamento de Estado es si el comportamiento de Google ha impedido que otros competidores puedan nacer y lo ha mantenido en tal posición dominante. Si, por ejemplo, el navegador de Google prioriza en sus búsquedas los productos o servicios de Google o es neutral”, explica Salazar. Las consecuencias del juicio, que podría durar años, abren la puerta al pasado de un caso similar que cambió la historia de la internet y de su gran impulsor, Microsoft.

En 1998 EE.UU. llevó a juicio a la empresa de Bill Gates por abusar de su posición dominante, preinstalando en sus ordenadores un navegador, Internet Explorer. Los efectos de las decisiones que debió adoptar Microsoft explican, en parte, la aparición de otros competidores que lo superarían. “No hay duda de que la demanda antimonopolio fue mala para Microsoft. Habríamos estado mucho más enfocados en crear el sistema operativo para móviles, así que en vez de estar usando Android hoy estarías usando Windows Mobile”, se lamentó Gates en 2019 al diario The New York Times.

Opera, Netscape, Internet Explorer, Mozilla, Firefox, Safari, todos navegadores que combatieron por el mercado de la puerta a la web desde la segunda mitad de la década de los 90. La mayoría de ellos sobrevive hoy a la sombra de Chrome, el buscador que hoy monopoliza la internet, con un 80% de las búsquedas en EE.UU.

Y no solo es Google. Facebook, Apple, Amazon, todas parecen estar alineadas en mantener una actitud monopolista”, añade Flórez. Son como ciudades amuralladas, con sus propias comunidades y reglas.

“Y esa es la gran preocupación. Porque aparte de ser un negocio, internet es un medio que garantiza (o no), derechos. La prioridad siempre ha sido que la red sea un escenario neutral, sin ningún tipo de barrera”, agrega Salazar. “Y cuando las hay, el Estado debe intervenir”.

-”Si buscas en Google la palabra idiota y miras las imágenes, aparece la foto de Donald Trump, ¿Por qué sucede esto?

Preguntó la congresista demócrata por California, Zoe Longref, a Pichai (CEO de Google) en su audiencia ante el Senado de EE.UU. en diciembre de 2019.

-”Salimos y rastreamos y almacenamos copias de miles de millones de sus páginas en nuestro índice, tomamos la palabra clave y la comparamos con las páginas y las clasificamos según más de 200 señales. Son cuestiones como la relevancia...(...)”

Longref lo interrumpió.

-”Entonces, ¿no se trata de un hombrecillo sentado tras las cortinas decidiendo qué se va a mostrar a los usuarios (...)?

La asociación entre la palabra “idiota” y la imagen de Trump se volvió viral. Medios de todo el mundo siguieron la audiencia, calificando de “absurdas” y de “analfabetismo digital” decenas de las preguntas de los senadores. “Tardamos en reconocer el poder que todas estas nuevas tecnológicas estaban concentrando” señala Flórez, “y aún nos resulta difícil entender ante qué estamos”.

Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP
Sundar Pichai, de Google. FOTO AFP

¿Y dónde estaba el Estado?

El pasado mes de enero Alphabet, la dueña de Google, superó la barrera del billón de dólares de valorización en la Bolsa de Estados Unidos. Solo 5 empresas tienen ese valor, y solo una de ellas no es una tecnológica. La lista la completan Apple, Amazon, Microsoft y Aramco, un monopolio petrolero Saudí.

En índices de acciones como el Standard & Poor’s 500, uno de los más importantes de la Bolsa de Estados Unidos, en el que tienen representación 500 empresas de todos los sectores, las 5 compañías tecnológicas más grandes hacen el 25% de todo el índice. Y va más allá de eso.

“Si uno mira el comportamiento de las utilidades de las compañías los últimos 8 o 10 años, y le quita la parte tecnológica, no se mueven. No hay crecimiento”, explica Felipe Campos, director de Investigaciones Económicas de Alianza Valores. El escenario es claro: durante la última década el sector material, real, tangible, ha estado estancado y el motor del crecimiento en las utilidades y de la Bolsa de Estados Unidos ha sido la tecnología.

“Es un panorama extraño porque la transformación llegó a un mundo que está teniendo problemas de crecimiento, de productividad. Hay una necesidad ahora de regulación. Y en ese proceso seguramente se va a frenar un poco el dinamismo”, explica Campos. Así pasó con todos los productos y servicios nuevos que han pateado el tablero del mercado.

El sector financiero y los vehículos, algunos de ellos. “Cuando los emprendimientos son innovadores, el Estado se abstiene de intervenir, porque está conociendo, está verificando cómo se comporta el sector, el mercado. No se puede regular algo en sus inicios porque eso supondría limitarlo”, explica Salazar. Es como si hoy, ejemplifica, dijéramos que hay que regular la inteligencia artificial, algo que aún no es una realidad.

Cuando ya se tiene esa comprensión y hay un avance significativo en el tiempo, se puede entrar a hacer correcciones en materia competitiva. “Tal vez el gran cambio que asumimos en 2020 es que internet ya es una industria como cualquier otra. La cuarta revolución industrial ya está en desarrollo y el mundo digital es el que guarda la parada en todos los aspectos geopolíticos y de mercado”, sentencia el experto. El juvenil invento de una red social o de un buscador en un garaje o un cuarto de universidad, por fin ha madurado.

Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP
Jack Dorsey, de Twitter FOTO AFP

Sus creadores ya no son niños, sus fortunas encabezan la lista de las más cuantiosas del mundo y bajo su dirección se encuentran millones de datos sensibles de ser usados en cualquier fin. “Su poder es desorbitado”, dice Flórez. “La tendencia y las acciones de control que tomemos en estos años serán definitorias”, finaliza, “no solo respecto a los límites de las empresas, sino también del Estado”.

Regular no es sinónimo de regular bien. “Hay que ser consciente de que regular un servicio como Google afecta a otra serie de productos y servicios. En Colombia, por ejemplo, se insiste en la necesidad de regular plataformas como Uber, pero las leyes no se pueden hacer para una empresa, tienen que ser generales. Y esa regulación hoy afectaría servicios como la telemedicina”, explica Nuevo. Los pasos deben ser milimétricos.

En el país no se contemplan aún procesos de derecho de competencia como el que esta semana anunció EE.UU. o se llevan a cabo en Europa. “Colombia ha adoptado una línea muy favorable frente a las libertades y los derechos de las personas en internet, con base en dos principios: neutralidad en red y neutralidad tecnológica”, dice Salazar. A pesar de que la revolución digital ha sido global, no va al mismo ritmo en todos sus frentes.

En medio de la pandemia que afecta al mundo y de los anuncios de decrecimiento de casi todas las economías, los gigantes tecnológicos anuncian cifras récord en sus utilidades. Serán el único renglón económico que crecerá respecto al 2019. Tal vez, sin embargo, no sea esta la razón por la que recuerden el 2020.

De traje y corbata azul, mirando cabizbajo y alternando su rostro entre un gesto de asombro, remordimiento y confusión, Mark Zuckerberg dejó de ser en abril de 2018 la personificación joven de la genialidad, la virtud y la inteligencia. O al menos, ya no solo es eso. Sentado en el banquillo de los señalados, donde tal vez nunca creyó estar, enfrenta por primera vez la desconfianza y el temor, restos que quedan del amor que alguna vez ya lejana el mundo le pareció dedicar. El enamoramiento pudo haber terminado.

80%
de las búsquedas en internet en EE.UU., dice Washington, se hacen a través de Google
Juan Diego Quiceno Mesa

Periodista de la Universidad de Antioquia con estudios en escritura de guión de ficción y no ficción.

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