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Hasta los niños celebran la vida en Navidad en el Cementerio San Pedro de Medellín

La novenada se volvió tradición, junto con las noches de luces y decoración. y los rituales de agradecimiento que ayudan a encontrar alivio y paz a cientos de familias en época decembrina.

  • Desde hace varios años, decenas de niños llegan para cumplir la cita con la novena navideña en la capilla del San Pedro. FOTO cortesía
    Desde hace varios años, decenas de niños llegan para cumplir la cita con la novena navideña en la capilla del San Pedro. FOTO cortesía
  • Los encuentros de las familias en época decembrina han dotado a este cementerio de un ambiente especial y han ayudado a llevar paz a las familia. FOTO camilo suárez
    Los encuentros de las familias en época decembrina han dotado a este cementerio de un ambiente especial y han ayudado a llevar paz a las familia. FOTO camilo
    suárez
  • La Navidad engalana el Cementerio y es uno de los símbolos más fuertes del vínculo familiar que se mantiene vivo. FOTO esneyder gutiérrez
    La Navidad engalana el Cementerio y es uno de los símbolos más fuertes del vínculo familiar que se mantiene vivo. FOTO esneyder gutiérrez
24 de diciembre de 2023
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Los más juiciosos son los niños chiquitos. Compensan con maracazos y aplausos las palabras que todavía no logran armar. Los más grandecitos están en su cuento; cuchichean a ratos, oran y cantan a ratos y se ríen casi siempre.

El padre Roberto le saca las mejores notas al órgano, exprime esa alegría de villancicos y parece especialmente inspirado, pero su público fiel dice que siempre es igual.

Afuera de la capilla se ve un río negro y pequeño de cabezas que se mueve lento y cadencioso detrás de un carro negro. Van a enterrar a su muerto. Y justo cuando el coche dobla a la izquierda buscando la galería final resuena desde la capilla un grito a todo pulmón: “¡Amén, Jesús, viva!”.

Los encuentros de las familias en época decembrina han dotado a este cementerio de un ambiente especial y han ayudado a llevar paz a las familia. FOTO<b><span class=mln_uppercase_mln> camilo <br />suárez</span></b>
Los encuentros de las familias en época decembrina han dotado a este cementerio de un ambiente especial y han ayudado a llevar paz a las familia. FOTO camilo
suárez

El padre Roberto Díaz cuenta que se jubiló hace doce años pero todavía no hay nada que lo haga perderse la novena de aguinaldos en la capilla del Cementerio San Pedro. Dice el capellán que no sabe con certeza cuándo empezó esa tradición, convocar a los niños con sus maracas, sus gorritos y su algarabía para hacer la novena al Niño Dios en el corazón de ese lugar donde reposan miles de almas.

Pero a pesar de tantos años, dice el capellán que todos los días que preside una novena y tiene al frente esa alegría inocente y desparpajada de un niño en Navidad, lo sigue estremeciendo ese contraste que se marca ante sus ojos, cuando ve ingresar por la entrada del San Pedro un desfile fúnebre.

Que los niños van a donde haya dulces, es cierto; que se le apuntan a toda novena que tenga la promesa de un regalo, claro que sí, pero además de todas esas tradiciones que por supuesto se conservan en la novena del San Pedro, las familias llegan con sus niños a celebrar la Navidad entre muertos por una razón específica: porque a las directivas del San Pedro se les ocurrió una idea que hace unos años parecía descabellada: armar una vecindad en la que se pudiera llorar, en la que se pudiera hablar de la muerte y de muchos otros temas sin tapujos. En la que se pudiera, por qué no, honrar la vida.

Aleida Flórez cuenta que lleva dos años asistiendo a las actividades decembrinas que organiza el Cementerio. Está con sus dos nietos, Matías y Alejandra, los hijos de su hijo Víctor, cuya lápida está estrenando luces navideñas y dos papás Noél que cuelgan de unas guirnaldas.

La Navidad engalana el Cementerio y es uno de los símbolos más fuertes del vínculo familiar que se mantiene vivo. FOTO<b><span class=mln_uppercase_mln> esneyder gutiérrez</span></b>
La Navidad engalana el Cementerio y es uno de los símbolos más fuertes del vínculo familiar que se mantiene vivo. FOTO esneyder gutiérrez

Aleida dice que hizo la promesa de que si llegaba el día en que pudiera salir tranquila de visitar a Víctor, sin sentir desmoronarse, el espíritu navideño no faltaría nunca más ni en su casa ni donde su hijo descansa.

El duelo y la pérdida en Navidad, esa fue una de las conversaciones que el Cementerio San Pedro decidió abordar y convertir en tradición en esta época del año.

Por eso el equipo del Programa de Acompañamiento al Duelo creó un espacio para ayudar a las familias a responder el gran interrogante: qué hacer con su duelo en Navidad y cómo se pueden construir maneras distintas de rendir un homenaje al ser querido fallecido y no sentirse obligados a celebrar estas fechas como los demás.

El pasado 29 de noviembre dieron la bienvenida a diciembre invitando a cientos de familias que llegaron con chuspas llenas de adornos, bafles y hasta comida para adornar las bóvedas, cenizarios, osarios y mausoleos de sus seres queridos y comenzar esta época con todas las de la ley.

El 3 de diciembre pasado las familias recibieron otra invitación especial. Quienes quisieran llegar al camposanto podrían escribir una tarjeta navideña en la que no quedara nada sin decirle a sus seres amados.

Muchas de esas tarjetas fueron entregadas una semana después, en la Noche de la Luz, un ritual para encender el fuego y para que las familias agradecieran y sanaran rodeados de sus muertos y acompañados de las personas con las que siguen construyendo sueños, planes o con quienes se apoyan para soportar los embates cuando la vida se pone cuesta arriba.

Y el 24 será otro gran momento, dicen los empleados que para muchos es su momento favorito en uno año de trabajo que, casi siempre, los manda a casa con alguna imagen, palabra o situación difíciles de borrar.

Ese día, con el fin de la novena, en víspera del nacimiento del Niño Dios, el pasillo principal del San Pedro se llena de gritos y alegría. Pero antes y después de la novena también hay lágrimas en las galerías y dolorosos silencios y conversaciones y preguntas que dichas que nadie responde.

Y otra vez ese contraste que tanto sobrecoge al padre Roberto. El éxtasis del villancico, la alegría insuperable de un regalo navideño y la insondable pérdida de un ser amado en una sola escena. Esa dualidad que todos en algún momento experimentan, y sobre la cual la sociedad paisa todavía no parece completamente abierta a abordar.

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