Minutos antes del naufragio del lujoso yate Bayesian en el mar de Porticello en Sicilia, Italia, las condiciones meteorológicos avisaron lo que sería la tragedia de este vehículo marino, propiedad del multimillonario Mike Lynch, quien falleció junto a su hija Sarah Lynch, de 18 años, el 19 de agosto de 2024.
Una tromba marina fue la causante de la tragedia. El medio británico BBC recopiló testimonios de personas que se encontraban allí al momento del naufragio.
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Matteo Cannia, un pescador veterano de 78 años, se encontraba sentado en un banco frente al mar en Porticello durante la medianoche del pasado domingo, según reportó la BBC.
El sofocante calor no le permitía conciliar el sueño. Mientras observaba el horizonte, los primeros relámpagos aparecieron en el cielo. “Escuché los truenos y sentí el viento, así que decidí volver a casa”, relató Cannia para el diario británico.
Ya con la tormenta, el puerto pesquero siciliano despertó en medio de la noche, alarmando por el agua que se colaba en las casas cercanas. A las 4:15 de la mañana del lunes, Fabio Cefalù, otro pescador local, vio el destello de una bengala iluminando el cielo oscuro, según le relató a ese diario. A pesar de las condiciones adversas, Cefalù se adentró en el mar, guiado por la urgencia de saber qué ocurría.
Lo único que encontró fue un rastro de cojines y trozos de madera flotando en las aguas turbulentas. El yate de lujo Bayesian, que hasta hacía poco estaba amarrado a unos cientos de metros de allí, había desaparecido bajo las olas.
En tan solo 16 minutos, un violento episodio de caos y tormento cambió el destino del Bayesian, llevando a este tranquilo rincón de Sicilia a los titulares de todo el mundo. De las 22 personas a bordo (12 pasajeros y 10 tripulantes), 15 lograron escapar en una balsa salvavidas cuando el yate comenzó a volcarse. Siete personas no lograron salir con vida, sumergiéndose con el barco.
Entre los pasajeros se encontraba Charlotte Golunski, una ciudadana británica que cayó al agua sosteniendo a su hija Sophie, de apenas un año. “Todo estaba oscuro y los gritos de los demás eran lo único que se escuchaba”, relató Golunski a BBC, quien milagrosamente fue rescatada junto a su bebé y su esposo James por el capitán de un velero cercano.
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Lynch había reunido a amigos y familiares para unas vacaciones a bordo del Bayesian, un yate de 56 metros premiado por su diseño y conocido por su mástil de aluminio, el más alto del mundo.
El viaje, pensado para celebrar su reciente exoneración en un juicio en Estados Unidos por supuestas irregularidades financieras, se transformó en tragedia. Tres días después del hundimiento, los buzos recuperaron su cuerpo de entre los restos del yate. El cadáver de su hija Hannah, de 18 años, fue encontrado un día después. Hannah estaba a punto de iniciar sus estudios en la Universidad de Oxford. Angela Bacares, esposa de Lynch, sobrevivió.
La lista de víctimas también incluyó a Jonathan Bloomer, presidente del banco de inversiones Morgan Stanley, su esposa Judy, el abogado de Lynch, Chris Morvillo, su esposa Neda, y Recaldo Thomas, el chef del yate. La familia Lynch emitió un comunicado expresando su “dolor indescriptible” y su estado de “shock y devastación”.
El hundimiento rápido del Bayesian, mientras otros barcos más pequeños cercanos soportaron la tormenta sin problemas, dejó perplejos a expertos y autoridades.
En una conferencia de prensa reciente, los fiscales locales anunciaron una investigación por posibles delitos de homicidio involuntario y negligencia. Aunque la investigación está en fases preliminares, el fiscal estatal Ambrogio Cartosio mencionó que hay “muchas posibilidades de culpabilidad”, sugiriendo que la tripulación completa o el capitán podrían estar implicados.
Los primeros informes señalaron que un fenómeno meteorológico conocido como ráfaga descendente o reventón podría haber impactado el barco, contradiciendo versiones iniciales que hablaban de un tornado marino. Cualquiera que haya sido la causa exacta, está claro que el clima extremo desempeñó un papel crucial en la tragedia.
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James Cutfield, el capitán del Bayesian, se encuentra en el centro de la investigación. Cutfield, un experimentado marinero neozelandés de 51 años, fue interrogado por las autoridades.
“No vimos venir la tormenta”, declaró a medios italianos, en su única declaración pública. Sin embargo, la advertencia de tormenta era conocida, y algunos argumentan que la tripulación debió tomar medidas preventivas, como cerrar todas las escotillas, elevar el ancla y desplegar la quilla del yate para estabilizarlo.
Los expertos en navegación señalan que si la quilla, una estructura parecida a una aleta que sobresale de la base del barco, se hubiera desplegado, habría contrarrestado las ráfagas de viento y mantenido estable al yate. Sin embargo, los restos del Bayesian fueron encontrados con la quilla levantada, lo que habría dejado al barco vulnerable a volcarse bajo el embate de los vientos huracanados.
Giovanni Costantino, director de la compañía que construyó el yate, manifestó a la BBC que la estabilidad del Bayesian era ejemplar y que el barco era “insumergible” bajo condiciones normales. Atribuyó el hundimiento a una posible acumulación de errores a bordo y a la entrada de agua en áreas críticas. Los investigadores esperan encontrar respuestas en la caja negra del barco y examinarán los pasos tomados para enfrentar el clima extremo.
El rescate de los cuerpos atrapados en el yate hundido ha sido una tarea ardua para los equipos de buceo. Con el Bayesian sumergido a 50 metros de profundidad, los buzos debían limitar su tiempo bajo el agua a 10 minutos por seguridad, lo que requirió más de 120 inmersiones. Los cuerpos fueron encontrados en cabinas situadas en el lado izquierdo del yate, donde quedaron atrapados durante el hundimiento.
La operación de rescate, que podría costar hasta 17 millones de dólares y tomar semanas, podría proporcionar pistas clave sobre lo ocurrido. La extracción de los restos del yate es crucial para que la investigación avance y para que las familias de las víctimas encuentren algo de consuelo.
A medida que Porticello vuelve lentamente a su rutina, las cicatrices de la tragedia perduran. Para los habitantes del puerto, la tormenta del pasado domingo no solo llevó la destrucción del yate de lujo, sino también el fin de la calma que siempre habían conocido. “Nunca olvidaremos lo que ocurrió esa noche”, concluyó Maria Vizzo, una residente local, reflejando el dolor y la incertidumbre que aún envuelven a esta comunidad pesquera siciliana.
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