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Mundo | PUBLICADO EL 24 enero 2022

Un navío de héroes rescata vidas en el mediterráneo

Solo el año pasado, 2.026 migrantes murieron o desaparecieron en medio del mar. Geo Barents navega para salvarlos.

  • El barco Geo Barents es especialista en investigación sísmica. Mide 77 metros de alto y tiene una capacidad para cargar 600 pasajeros. FOTO Cortesía Médicos Sin Fronteras
    El barco Geo Barents es especialista en investigación sísmica. Mide 77 metros de alto y tiene una capacidad para cargar 600 pasajeros. FOTO Cortesía Médicos Sin Fronteras
  • Un navío de héroes rescata vidas en el mediterráneo
  • Un navío de héroes rescata vidas en el mediterráneo
  • El barco Geo Barents es especialista en investigación sísmica. Mide 77 metros de alto y tiene una capacidad para cargar 600 pasajeros. FOTO Cortesía Médicos Sin Fronteras
    El barco Geo Barents es especialista en investigación sísmica. Mide 77 metros de alto y tiene una capacidad para cargar 600 pasajeros. FOTO Cortesía Médicos Sin Fronteras
  • Un navío de héroes rescata vidas en el mediterráneo
  • Un navío de héroes rescata vidas en el mediterráneo
DANIELA OSORIO ZULUAGA

El mar mediterráneo es para los migrantes su salvación y su condena. Miles de ellos salen de sus países sumidos en las injusticias, las crisis económicas y las dictaduras y se enfrentan a kilómetros y kilómetros de agua salada con tal de encontrar refugio en una nación mejor. Pero ese mar que les permite huir es el mismo que se torna hostil cuando se viaja con sobrecupos de hasta el 1.000% y sin las herramientas necesarias. La mayoría no llega con vida ni al tercer día de navegación: naufragan y mueren.

Pero a veces, cuando tienen suerte y la marea se torna a su favor, los migrantes son vistos por barcos gigantes que navegan en ese mismo mar y que tienen como misión rescatar a seres humanos. Esa es la tarea del Geo Barents, un gigante de color blanco y azul que fue puesto en el agua por la organización Médicos Sin Fronteras y que logró rescatar, tan solo el año pasado, a 1.903 personas.

“Muchos vienen de Medio Oriente, Etiopía, Oeste, Túnez y Egipto. Prácticamente de todo el continente africano. Los principales lugares de salida son del Este y el Oeste de África pasando por el desierto del Sahara y terminando en Libia, que es el último territorio en tierra firme de los migrantes donde viven toda clase de violaciones a sus derechos humanos: extorsiones, secuestro, tortura y violaciones”, cuenta en diálogo con EL COLOMBIANO el médico Juan Gil, jefe de misiones del Geo Barents.

La travesía

Estando en tierra, los migrantes deben pasar por todo tipo de atropellos y dificultades. Salen de sus lugares de origen y atraviesan varios países hasta llegar a una de las salidas del mar, y ese es solo el comienzo.

Ya estando allí, los extranjeros buscan un traficante que se ofrezca a cruzarlos hasta otro país y pagan altas sumas de dinero con la ilusión de llegar a países como Malta e Italia. “Y ahí está el problema, que los mismos traficantes saben que es casi imposible llegar a otro destino y hay más certeza de naufragar y morir que de tocar de nuevo tierra firme en otra nación. ¿Por qué? La respuesta es fácil: la mayoría salen a la deriva con una brújula precaria y con conductores que no saben llegar a ningún lado. Desde el principio, quienes les venden la idea a los migrantes saben que morirán”, dice Gil.

Para ponerlo en términos cercanos, es como si usted zarpa un barco en el mar de Barranquilla esperando llegar a Miami, en Estados Unidos, y con las condiciones de un barco turístico que, además, está sobrepoblado.

Pero como si el reto en sí ya no fuera bastante alejado de la realidad, los migrantes se suben a embarcaciones débiles y viejas que no tendrían la capacidad de atravesar el mar aunque viajaran con el capitán más experimentado.

“Estas embarcaciones de bombones neumáticos o de madera pueden ser de cinco, siete y nueve metros y llevar hasta 50, 90 y 100 personas, respectivamente, cuando están diseñadas para cinco y 20 personas estando a su máxima capacidad. Los migrantes se sientan y ya no se puede mover hasta que, si tienen suerte, son rescatados. Y eso en el mejor de los casos”, asevera Gil.

Salah Dasuqi sabe muy bien lo que es esa incertidumbre de navegar con la sensación de que la pequeña embarcación se va a hundir y los dejará en medio del mar sin siquiera un chaleco salvavidas. Lo vivió en carne propia. Ese hombre, que pasó de ser un refugiado sirio a un rescatador de la MSF, dice que lo más difícil de su trabajo es pensar todo el tiempo que se encontrará a un conocido en el agua, pues muchas veces llega demasiado tarde, cuando los cuerpos flotan inertes.

“Cuando los encontramos en el mar, miran como esperando que les digamos que están a salvo y se emocionan al punto de llorar cuando les decimos que así es, que serán rescatados”, dice Dasuqi. Según Médicos Sin Fronteras, la mayoría de las embarcaciones que encuentran ya se han quedado sin gasolina, comida y municiones, ahí empieza la labor del Gio Barents.

Un lugar seguro

Una vez hallan una embarcación, lo primero es trasladar a los migrantes al barco madre, que tiene una altura de 77 metros y una capacidad de 600 personas. “Pero sería extremadamente riesgoso pasarlos directamente porque sus embarcaciones son muy inestables, entonces los trasladamos a través de lanchas rápidas que son el puente entre ambos”, explica uno de los tripulantes del Geo.

Una vez llegan al barco el destino de esos migrantes cambia para siempre. No solo porque esquivan la posibilidad de morir ahogados o con sed, sino porque son llevados a un país seguro en vez de ser devueltos a sus naciones de origen.

Ya estando a bordo, los migrantes son recibidos por una tripulación de 50 personas: 20 que operan el barco, 10 que se encargan del rescate y otros 10 que asumen la parte médica, la comida y la atención de vulnerabilidades. “El grupo es grande, pero se desgasta con mucha facilidad por la intensidad de las labores. Por eso, cada tres meses renovamos el personal”, explica el jefe de la misión.

En una entrevista para este diario, la médica neerlandés, Laura Schrauers, detalló que la primera labor es darles agua dulce –de esa que se hace tan escasa en el mar–, y después viene toda la labor médica.

“Creo que lo más difícil siempre es que no puedo tratar todos los casos médicos como lo haría en tierra, pero trato de que estén lo más cómodos posible. En la última rotación tuvimos 558 sobrevivientes a bordo durante varios días. En esa ocasión, hicimos cerca de mil consultas con solo cinco miembros del personal médico”, resume Schrauers.

Tras ser salvados en una de estas misiones humanitarias, los migrantes son llevados a otro país que respete sus derechos humanos. Aunque esa labor diplomática no siempre ha sido fácil. “Al final, lo mejor de todo es ponerle una sonrisa en la cara, tratarlos con el respeto que se merecen. Verlos llegar heridos, con signos de tortura y violencia sexual nunca será fácil, y menos encontrar lanchas vacías sabiendo que sus pasajeros podrían estar en el fondo del mar, pero ayudarlos es parte de nuestra misión y aquí siempre encontrarán refugio”, concluye Gil

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS cifras de una crisis migratoria

·2.026 migrantes murieron o desaparecieron en el mar durante 2021 según Missing Migrants de la Organización Internacional para las Migraciones.

·El año pasado, Médicos sin Fronteras rescató a 1.903 personas que provenían de 30 embarcaciones.

Daniela Osorio Zuluaga

Comunicadora Social - Periodista de la UdeA. Amo leer historias y me formé para contarlas.

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