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Verdeeee, verdeee, requeteverdeee

  • Ramiro Velásquez Gómez | Ramiro Velásquez Gómez
    Ramiro Velásquez Gómez | Ramiro Velásquez Gómez
13 de mayo de 2010
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Cuando se mira a Medellín, se acuerda uno de Raúl Cuero, el científico e inventor colombiano de reconocimiento mundial. Deberían nuestros gobernantes de La Alpujarra seguirlo. Cuando desea tomar una decisión recorre espacios llenos de naturaleza. Pero como acá pocos están dejando?

La mente humana, parece, funciona mejor en espacios verdes según varios estudios científicos. Acá, cuando se va a construir una obra, los vecinos salen con pancartas pro medio ambiente. A las semanas, no son más ambientalistas. Eran oportunistas. Sucedió en la Regional, donde se transformaron al menos 30.000 metros cuadrados de espacio verde. Algo similar en Los Balsos. Y aunque no se discute su utilidad, la resiembra de árboles no suple las zonas verdes. Jamás. Por eso la ciudad es más caliente hoy.

Esta urbe maneja altos índices de agresividad y no es sólo por la congestión vehicular y humana.

Existen más árboles, sembrados hasta en las faraónicas pirámides de la Oriental, pero se ha perdido naturaleza. Queda poca. A la luz de las últimas investigaciones, esa pérdida estaría incidiendo en los niveles de agresividad y en el deterioro de la salud. La mente necesita de la naturaleza. Olmsted creía en 1865 que la exposición a los ambientes naturales prevenía el reblandecimiento cerebral, la irascibilidad y la melancolía. Se confirmó 150 años después.

El investigador Stephen Kaplan desarrolló la teoría de la restauración de la atención, tras observar que la gente prefería escenas que presentaban ambientes naturales. Con sus colaboradores descubrió que la exposición a tales escenas tenía un profundo efecto restaurador en la capacidad de concentración.

De ahí se desprendió una seguidilla de estudios con resultados sorprendentes.

Personas privadas de la naturaleza exhiben comportamientos de mentes cansadas. Frances Kuo y William Sullivan demostraron que donde no hay naturaleza, la gente es más agresiva. Con Andrea Taylor hallaron una relación entre exposición a la naturaleza y autocontrol. Aquellos expuestos a ella son más disciplinados. Y dos investigadores británicos demostraron que al vivir en ricos ambientes naturales sufre menos la salud.

Tan cierto es, que el diseño del Sacred Heart Medical Center en Oregon, reconstruido en 2008, siguió un estudio de 1984 en Science , en el que Roger Ulrich reportó que pacientes cuyas ventanas de hospitales daban hacia espacios con naturaleza, egresaban más rápido tras operaciones y requerían menos drogas para el dolor que aquellos que sólo podían mirar un muro blanco.

Los empleados que trabajan junto a ventanas que dan a espacios naturales, responden mejor al estrés.

Incluso Stephan Mayer demostró que la exposición a la naturaleza ayuda a resolver mejor ciertos problemas.

La naturaleza es agradable y fascinante, y permite pensar en todo tipo de cosas. Aventaja otras distracciones: estudios han mostrado una correlación entre la irritabilidad y las horas pasadas frente al televisor. Un breve lapso permite alejarse de las dificultades diarias; pero con horas enteras, ese escapismo evita la reflexión.

Pero aquella maravilla está amenazada por el modernismo y el cambio climático. Y por decisiones tomadas, en nuestro medio, desde oficinas en donde no se ve una pizca de naturaleza: La Alpujarra. ¡No le busque más!

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