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Venezuela: herencia hipotecada

El presidente Hugo Chávez ganó casi todas las elecciones en vida y sin duda ganará la próxima aún después de muerto. Lo que no es claro es si Maduro podrá garantizar la supervivencia de Venezuela.

  • Venezuela: herencia hipotecada | ILUSTRACIÓN MORPHART
    Venezuela: herencia hipotecada | ILUSTRACIÓN MORPHART
09 de marzo de 2013
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La muerte de Hugo Chávez convierte su féretro en la urna electoral más potente en la historia reciente de Venezuela. No habrá necesidad de hacer encuestas para saber que el triunfo de Nicolás Maduro será cuestión de fijar la fecha de las nuevas elecciones que, según fuentes no oficiales, podrían ser el 14 de abril próximo.

Chávez ganó en vida casi todas las elecciones y las que perdió en número de votos, las capitalizó a su favor a través de las leyes electorales que él mismo redactó.

Pasó, por ejemplo, en los comicios legislativos de 2010, cuando la oposición derrotó al chavismo en las urnas, pero la Asamblea Nacional quedó conformada por las mayorías del Partido Socialista Unido de Venezuela, gracias a una compleja ley electoral según la cual, el chavismo gana con cara y con sello.

Fallecido Chávez, el ambiente político en Venezuela también está embalsamado. Y Nicolás Maduro será la imagen viva que el chavismo utilizará para decir que la Revolución Bolivariana está viva y sigue adelante, tal como lo gritó frente al féretro de Chávez.

Resuelta la pregunta de quién va a ganar las próximas elecciones y cómo será el tono del mandato de Maduro, más agresivo, provocador y populista que su desaparecido líder, la incógnita corre por cuenta de qué tanto tiempo le darán los venezolanos para consolidar su propio discurso, ya no el político, sino el económico y social.

Porque así Chávez siga ganando elecciones aún después de muerto, Venezuela también camina agónica hacia su colapso macroeconómico, por más petróleo que siga brotando del subsuelo.

El problema ahora es "ordenar" la casa, porque así como Chávez tomó decisiones sin consultarle a nadie, Maduro tendrá que "negociar" con otras fuerzas dormidas del chavismo, empezando por el ala militar más golosa de poder y riqueza.

El hierro caliente que siempre utilizó el fallecido presidente para someter a sus subalternos se irá enfriando en la medida en que pase de mano en mano dentro del Partido Socialista Unido y con la velocidad que demanda el aparato burocrático que el propio Chávez montó pensando en que iba a ser "eterno".

Lo que no será posible endosarles a Maduro y a sus futuros seguidores es el carisma, la sagacidad y el temple de Chávez. Cualquier pose que trate de imitar al líder será vista como una traición. Y las traiciones siempre están esperando el momento de hacerse efectivas. El chavismo, por ahora, no tiene amenazas por fuera, sino dentro.

El discurso antiimperialista que tantos réditos le dio a Chávez será usado por Maduro mientras pasan estos momentos de dolor por la muerte de su máximo jefe. De hecho, el futuro presidente de Venezuela ya había comenzado a allanar el camino de unas nuevas relaciones con Washington.

La expulsión de dos altos funcionarios del Gobierno Obama de Caracas eran los "cortos" antes de entrar a la película de fondo: la muerte de Chávez.

Habrá chavismo sin Chávez en el discurso, pero no podrá haber socialismo del siglo XXI en la política de Maduro.

La "crudodependencia" de Venezuela si algo obliga de entrada al nuevo gobierno es cerrar los grifos peroleros que Chávez mantuvo abiertos como parte de su estrategia de comprar adeptos e influenciar en algunos países latinoamericanos, que ahora lo lloran, sin duda, por cariño, pero sobre todo por conveniencia.

La desinstitucionalización de Venezuela se le debe exclusivamente a Chávez, pero lejos estará Nicolás Maduro de querer revertirla. Esa sería la más grave traición a la Revolución Bolivariana.

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