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UN LEGADO DE PAZ

  • IVAN ECHEVERRI VALENCIA |
    IVAN ECHEVERRI VALENCIA |
02 de mayo de 2012
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El próximo 5 de mayo se conmemora un año más del cruel asesinato, a manos de las FARC, del exgobernador Guillermo Gaviria Correa, del exministro Gilberto Echeverri Mejía y de ocho militares más, hecho ocurrido en el municipio de Urrao, cuando el Ejército Nacional intentaba liberarlos.

La odisea del secuestro y muerte de tan ilustres personajes comenzó cuando el gobernador Gaviria y su asesor de paz buscaban soluciones pacíficas al conflicto interno que agobiaba no solo al departamento de Antioquia sino a todo el país a través de una violencia generalizada que estaba dejando una estela de muertos, heridos, desplazados, viudas y huérfanos.

La situación era tan compleja, que cada día era más notoria la impotencia e incapacidad del Estado para controlar y superar la difícil situación de orden público, ante el avance terrorista que estaba llevando a la sociedad a sentirse secuestrada y a un paroxismo de desconfianza e incredulidad hacia las instituciones legítimamente constituidas.

El gobernador Gaviria se obsesionó con buscar una salida pacifista, inspirado en la filosofía de la noviolencia, ya que era un estudioso de la vida y principios de Gandhi en la India y de Martin Luther King en los Estados Unidos y tenía una fuerte convicción cristiana, afán de servicio a los demás y un deseo inmenso de hacer de Antioquia un territorio de paz.

Había vivido tristes experiencias familiares cuando su padre, pionero y generador de progreso, fue víctima de extorsión y amenazas en la región de Urabá, y su madre, objeto de uno de los más abominables delitos, el del secuestro por parte de la insurgencia, en condiciones sórdidas y durante largos meses.

Con estos antecedentes y las experiencias de su asesor en la solución de conflictos, se constituyeron en una llave en la que se respiraba esfuerzo y optimismo en la búsqueda de una paz definitiva para nuestra patria; no olvido que durante el tiempo que estuve muy cerca de ellos, en mi calidad de secretario general de la Gobernación, en los pasillos del ente territorial y en cuanto recinto, foro o visita se hacía a los municipios, los temas y proyectos se orientaban hacia la paz y la reconciliación, por lo que nuestro trabajo en ese período gubernamental se constituyó en todo un compromiso y una responsabilidad para enfrentar y lograr superar las causas de esa violencia que avanzaba sin tregua a comienzos del año 2001.

Su propósito inicial fue el de recuperar la región del Oriente antioqueño, sumida en una confrontación que originaba desolación y desplazamiento de sus habitantes; contando entonces con la ayuda de los alcaldes de esa época y de algunos sectores de la comunidad, se generó el primer laboratorio de paz en el país que pretendía solucionar de manera civilizada el conflicto, atacando sus causas; ante los primeros resultados no se hicieron esperar las primeras ayudas de organismos internacionales y nacionales y hoy esa zona de nuestro departamento goza de paz y progreso, por lo que debemos reconocer que ellos fueron sus principales impulsores.

Con el credo de la noviolencia comenzaron a impactar las demás subregiones del departamento, en esa búsqueda incesante de la reconciliación entre todos los antioqueños y fue así como el gobernador y su asesor, viendo la difícil situación de los habitantes del municipio de Caicedo, asediados por la delincuencia y el terrorismo, se enfrascaron en una campaña de solidaridad, organizando una marcha que partió desde Medellín, visitó varios municipios del Occidente y debía concluir en el municipio más afectado. Peregrinación que se vio truncada por el secuestro de sus líderes en el puente del Vaho.

Es imposible olvidar el legado de Guillermo y de Gilberto, apóstoles de la paz, promotores de la noviolencia y mártires de la patria, y no exaltar su labor ahora que se cumple un año más de su temprano infame sacrificio, máxime cuando siguen ligados a nosotros, porque de manera premonitoria Guillermo señaló desde el cautiverio en una de sus últimas cartas que siempre estaría orando por la paz de Colombia.

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