Estación La ubre que, a pesar de su carácter simbólico de glándula mamaria, hoy no solo es referente de leche a punto de salir sino también de conocimiento y de dinero.
Esta estación, situada en los terrenos del asistencialismo (caldo de cultivo de parasitismos variados), también se podría llamar Marrana por aquello de que muchos chanchos se nutren de ella hasta secarla, según sea la gana de los que se pegan de ella.
Como pasó con la Rusia Soviética, que se hizo capitalista y democrática porque la reventaron los países que subsidiaba, como bien previó que sucedería Erich Fromm en su libro ¿Podrá sobrevivir el hombre?, en el que da cuenta de los países parásitos (Cuba entre ellos), que alegando revolución vivían de una economía de propaganda a la que no le pagaron con dinero o bienes sino con ideología.
No es raro que esos países, secas las arcas rusas, se cayeran solos y cobraran la real forma que tenían a pesar de tratar de esconderla con desfiles y discursos. Pero ya el comunismo (utopía liberal) es historia. Ahora la marrana que se seca se da en el capitalismo y el ejemplo es lo que sucede en la UE.
Alemania, con Francia en recesión y España enfrentando la deflación, ya está insinuando que ella no se quebrará por sostener a Europa, que resultó siendo (esto parece) una buena chanchada, hambrienta y activa en esto de no soltar la teta.
Países como los Piigs (Portugal, Italia, Ireland, Greece and Spain), incapaces con el desempleo, con altos niveles de corrupción, con deudas que los desbordan y princesas dadas a las malas compañías, no solo han afectado el valor del euro, sino que han ido creando un entorno peligroso, que es lo que pasa con los pobres cuando no se los educa primero para ser morales y productivos. Se vuelven sustos grandes.
Inglaterra (que inventó los seguros) nunca se integró a la eurozona. Los ingleses, hombres de isla, saben que muchos juntos y distintos no hacen nada bien, a no ser que se vuelvan vivos, como pasa en América Latina: juntos bailando y nadie pagando.
Suiza, que si bien se integró, no entregó su moneda (el franco suizo), o sea que si algo le pasa a la Unión Europea, a la plata de los suizos no le pasa nada. La que sufre, entonces, es Alemania, que es donde más se siente la disminución del pib y el freno al crecimiento. ¿Pero a quién venderle sin fiarle? ¿A una Francia que se olvidó de la geometría cartesiana? ¿A los Piigs, que si desayunan no almuerzan y aún así mienten y esconden las cuentas de cobro? Alemania pierde tres sueños cada siglo. No sé si resista perder otro, a menos que se suelte.
Acotación: Alemania perdió la Primera Guerra Mundial, la segunda (que iba por un Reich de los mil años) y la RDA, que criaba comunistas decentes. Y si bien se recuperó, vuelve y le juega a una especie de Doktor Faustus que, buscando amor y dicha, se olvida de lo que sabe. Deberían leer de nuevo a Emil Ludwig.
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