Cuando tenía 30 años, me llegaban miles de correos ofreciéndome pañales y todo tipo de cachivaches para bebé. Inmediatamente cumplí los 40, me inundaban la bandeja de entrada con ofertas de Viagra. Ahora que estoy cincuentón, me ofrecen lipoesculturas, testosterona, calcio y lo mejor para la calvicie.
No hay duda que en internet hay desconocidos que me espían, y saben mejor que yo cuáles objetos podría estar necesitando.
Aunque soy un pobre pelagatos sin ninguna importancia, me vigilan. Me espían porque es muy fácil y económico: Todos mis datos los ingreso gratis a internet, y no puedo evitar que viajen de computador en computador.
Valoro tan poco mi seguridad y mi información, que aún no he configurado mi navegador de internet, para evitar dejar el rastro de las páginas web que visito. He sido tremendamente irresponsable, y he subido fotografías a redes sociales, tomadas con celulares que incluyen por debajo, el registro de las coordenadas de los hogares de mis amigos. Dejo los puertos de mi computador abiertos, y por pereza, nunca he leído la política de privacidad de Facebook. Sin miedo a que se entren a mi casa los ladrones, soy tan cándido que cuelgo las fotos sin terminar el paseo. No tengo escrúpulos para etiquetar a mis amigos sin su autorización, y los pongo a rodar de servidor en servidor. Para no pagar, descargo a mi computador, todo tipo de software gratis, registrando en cualquier página de internet, mi correo y mis datos personales.
Cuando el exagente de la CIA, Edward Snowden, dijo que mediante una sofisticada herramienta llamada Prism, los Estados Unidos espiaban la humanidad utilizando datos sacados de redes sociales, navegadores, chat y correo, todos los irresponsables, quienes damos papaya en internet, furiosos, nos dimos contra las paredes. El Gobierno colombiano, probablemente no ha regañado a los gringos, porque al igual que ellos, también ha encargado un juguetico para espiar nuestros movimientos informáticos, al que han bautizado "el Puma".
Cuando los gremios, las asociaciones y las cámaras de comercio venden bases de datos con información de sus asociados, nadie se queja. Cuando en los Estados Unidos o en Colombia utilizamos los datos de las redes sociales y de las empresas de celulares, para agarrar rápidamente a terroristas como el que causó la tragedia en la maratón de Boston, o quienes asesinaron en Colombia al agente de la DEA, nadie protesta, y todos aceptamos que los delincuentes cayeron gracias a que nos espían.
Cuando a todos se nos olvide Snowden, volveremos a aceptar que los gobiernos utilicen la información disponible en internet, de personas inocentes y culpables, para combatir la delincuencia.
Lo que no es aceptable bajo ningún pretexto, es que se utilice nuestra información para hacer negocios, y para llenarnos de basura con ofertas.
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