No es agradable tener el agua al cuello, pero les tocó a decenas de miles, millones de colombianos por culpa de dos situaciones que se reunieron: un fenómeno de La Niña intenso y la segunda temporada invernal con que cada año cierra el año.
Haberlo perdido todo y tener hambre no puede ser directamente, en este caso, atribuible con certeza al calentamiento global, aunque se sospeche que La Niña hace chichí sobre la humanidad con mayor frecuencia por la temperatura y factores asociados.
Estamos tan ocupados en tratar de impulsar botes con ayudas y damnificados, que la Cumbre del Cambio Climático que en Cancún avanza ha pasado ignorada.
De ella podría salir más de lo que se creía aunque no todo lo que se espera. China promete reducir emisiones y de Estados Unidos se podría obtener dinero adicional para que los países que han tenido que lidiar con un problema que no crearon, puedan hacerlo bien.
Míster Obama tiene poco margen de acción política para comprometerse con reducciones concretas, pero los chinos podrían ceder para que sus emisiones fueran monitoreadas. Eso es importante.
Es que a veces el mundo, envuelto en toda serie de situaciones, olvida que cada vez más evidencias dicen que el cambio climático no será un gran lío para las futuras generaciones, sino que las actuales también sudarán la gota amarga de toda suerte de desastres.
Niel Bowerman, de la Universidad de Oxford, es tajante: "Necesitamos reducir emisiones pronto para evitar potenciales y peligrosos niveles de calentamiento durante nuestras vidas".
La advertencia hecha esta semana es una reiteración de lo que se viene. Todos los días se conocen estudios sobre lo que sucede. De las tres últimas semanas, podríamos citar algunos curiosos y otros como para ponerse a pensar.
La Universidad Nacional reveló que en 10 años, los escarabajos coprófagos irán a comer lo que sabemos a zonas más altas, donde hoy, como en la Sabana de Bogotá, se encuentran chupando ya las garrapatas que siempre vivieron en climas calientes.
Ary Hoffmann, de la Universidad de Melbourne, reveló que los pájaros se están encogiendo por el clima. Habla de las aves, lógico. Lo pudo notar al evaluar datos de más de 100 especies en 50 años.
En el techo del mundo, Tíbet, sucede algo extraño: las plantas florecen más tarde en la primavera y la temporada de cultivos se acorta, poniendo en peligro la seguridad alimentaria, según Jianchu Xu. En Europa, en contraste, las plantas florecen unos 8 días antes en la primavera actual que en la de 1971.
En 167 lagos del mundo, de acuerdo con datos de satélites de la Nasa, la temperatura ha subido en promedio 0,45 grados por década, y en algunos hasta un grado.
No es que los pájaros más pequeños y el agua más caliente nos maten, pero indica que algo sucede y no recibe la suficiente atención de quienes (los grandes contaminadores) tienen en sus manos la posibilidad de reducir el daño y de quienes (nuestros gobernantes) deberían ser más proactivos a la hora de proteger a los colombianos, antioqueños y medellinenses.
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