Como si fueran personas, a los santos se les quiebran las manos, se les parte la nuca y se les fracturan las rodillas. También se les envejece la "piel", el color se opaca con el tiempo y pierden la gracia, lo que va en contra de la dignidad que deben transmitir.
Pero igual que las personas, tienen cirujanos, que no son médicos sino artistas que les reparan las partes que fallaron. Y ahí aparece Nelson Jiménez, un escultor que hace 20 años se especializó en este trabajo, restaurar y fabricar imágenes de santos, una labor que le ha dado a su vida cierto encanto y tal vez lo ha vuelto más devoto.
Su taller está en la calle 104, del barrio El Pedregal, dos cuadras arriba del Sena, donde él y otras personas laboran con paciencia y uno diría que con recogimiento, restaurando imágenes.
En esta época de Cuaresma, previa a Semana Santa, el trabajo se multiplica, "porque los padres quieren tener bonitos a sus santos para las procesiones, nos llegan muchas imágenes para reparar", comenta Nelson, que es famoso en toda Antioquia y el Valle de Aburrá por su arte, por la calidad con la que esculpe y restaura las obras.
"Acá me traen imágenes de pueblos, me toca surtir almacenes religiosos de Sabaneta y del Centro y mucha gente viene a comprar y se lleva las esculturas para el exterior", apunta este artista, que a pesar de tener cientos de imágenes para fabricar y restaurar, mantiene su taller impecablemente organizado.
Lo más complicado de su labor es lograr la expresión del rostro, "los ojos y la mirada son los que dan la emoción, sentimiento", algo clave en las imágenes religiosas.
Su experiencia le dice que la reina de las imágenes es María Auxiliadora, la de mayor demanda en su taller. Y él sabe cómo fabricarla o retocarla para que mantenga su aura de santidad.
Algo le deben transmitir todas esas imágenes que observa todo el tiempo, tal vez más devoción o por lo menos mucho respeto por lo religioso. Él lo dice.
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