En nuestro aeropuerto reposa (¿o sufre?) una importantísima obra escultórica de Édgar Negret, eximio artista colombiano nacido en Popayán y considerado como uno de los artistas plásticos más importantes de América Latina. Fue puesta allí, (El sol) en el centro del área de parqueaderos del JMC el día de su inauguración, hace ya 28 años, siendo el doctor Belisario Betancur nuestro presidente y el doctor Juan Guillermo Penagos Estrada el director de la Aerocivil, cuando concibieron que en tan importante espacio público cabía una obra de tal trascendencia e importancia para ornato de nuestra puerta de entrada a la ciudad.
El estado en que se encuentra desde hace ya mucho tiempo nos debería avergonzar a todos. No quiero entrar en detalles sobre en quién debería recaer la responsabilidad formal de darle lustre y mantenimiento a la misma, pero sí estoy convencido de que la indolencia evidente nos compete a todos: concesionario, Aerocivil, autoridades del turismo, municipios involucrados, usuarios del aeropuerto y ciudadanos en general. ¿Será que tendremos que sacar la ponchera para recaudar unos pesos y darle una manito de pintura a la misma?
¡Ah, se me olvidaba… No es cualquier esmalte ni color el que debe dársele para respetar a su autor. Son tonos y texturas mate especiales que lo distinguen a él, y no cualquier pegote como el que le aplicaron la última vez que alguien se acordó de la obra
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