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PERIODISMO DE GUERRA

  • HENRY MEDINA URIBE | HENRY MEDINA URIBE
    HENRY MEDINA URIBE | HENRY MEDINA URIBE
09 de agosto de 2012
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Leyendo la revista Arcadia encontré un interesante artículo de Susie Linfield sobre la corresponsal de guerra Martha Gellhorn, titulado “La arrogancia y la desesperación del periodismo de guerra”. Allí hallé interesantes reflexiones útiles para entender mejor el importante rol de los corresponsales de guerra y también que las Fuerzas Militares de la Nación deberían propender por más y mejores especialistas que cubran constructivamente nuestro conflicto.

Los militares nos hemos hecho por décadas la pregunta si deben los periodistas tomar partido en su actividad profesional. La respuesta que sugiere el artículo es que es imposible no hacerlo. En tal dirección el periodista George Packer expresó: “Yo no espero tener otro efecto que el de cambiar percepciones y conciencias, y eso es algo muy pequeño comparado con cambiar el comportamiento del público y del Gobierno”.

Con menos optimismo Rubin conceptúa: “¿Quién dijo que uno podía escribir un artículo y cambiar el mundo?”. En cualquier sentido, intuyo que el periodismo es inherente a la democracia y debería exigir, acendrada ética, conocimientos especiales y compromiso con la sociedad.

El periodismo de guerra ha cambiado porque la naturaleza de los conflictos ha cambiado. Las guerras de tercera y cuarta generación implantaron nuevas estrategias y con ello, nuevas formas de cubrirlas, donde el periodismo exige mayor preparación, gran sensibilidad social y mayor propensión al riesgo.

Tales características llevó a Kim Barker a afirmar que para él lo más interesante no es cómo muere la gente en la guerra, sino cómo se vive en ella. De ser así, pienso que es importante para el periodista entender el contexto en el cual sucede la confrontación, las motivaciones, los intereses que mueven y financian las fuerzas y a quienes llega el usufructo del dolor y la miseria. En tal sentido, las Fuerzas Militares podrían hacer un buen aporte.

Comenta la autora que en los conflictos bélicos del mundo de hoy, más del 80% de las víctimas son civiles desarmados, lo cual llevó a Jhon Keane a llamarlos “guerras inciviles” no entendibles en términos convencionales porque, como lo dice Mary Kaldor, la política de las ideas ha sido reemplazada por la política de la identidad, donde se busca caracterizarse en el caos y sembrar el miedo y el odio entre sus compatriotas.

Anderson aconseja al periodista ponerse al lado de los que sufren y no imponer un molde de izquierda o derecha a “matones utópicos” que no se adhieren a las ideas políticas asociadas a tales términos, que no libran batallas ideológicas y que en cambio ejercen la violencia indiscriminada y depredadora. ¿Algún parecido con las Farc?

La autora se pregunta si habrá un alguien a quien le importe el sufrimiento de la población y esté dispuesto a intervenir y ¿quién podría ser ese alguien? Luego responde: Ninguna autoridad moral llega a salvar a los oprimidos. La gente es ese alguien.

En nuestro contexto, ese alguien que pueda sacar al país del sufrimiento del conflicto absurdo que nos agobia somos nosotros, los colombianos con sentido de humanidad.

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