Hace unos años vi una escena que me impactó. Durante la época de exámenes finales en la Escuela de Estudiantes Extranjeros de la Universidad Hebrea de Jerusalén, la mayoría de los alumnos llegaba a la biblioteca para prepararse. Literalmente había gente de todas las esquinas del mundo. Recuerdo que un rato después de entrar, los latinoamericanos salían para reunirse en el pasillo exterior y hablar por celular, tomar café y contar historias. Como se escuchaban carcajadas, Inna, una bibliotecóloga rusa, alta y con tendencia a la ira, salía para decirles que se fueran a conversar a otra parte. Mientras tanto, los estudiantes chinos, japoneses o coreanos seguían sentados con la vista en sus libros y ejercicios a lápiz.
Algo similar ocurría en las clases. Estaban concentrados y entregaban todas las tareas. Una amiga china me habló en aquel tiempo sobre la importancia de los exámenes y resultados. "No basta con querer ser el mejor, hay que trabajar por ello, demostrarlo", decía. Esas palabras vinieron a mi mente esta semana a propósito de los resultados en las pruebas Pisa, consideradas el examen de calidad educativa más importante del mundo.
Para nuestro pesar, Colombia ocupó el puesto número 62, la segunda peor puntuación de Latinoamérica. Los primeros lugares fueron para países como China y Singapur. Desde entonces, he escuchado y leído las opiniones de expertos al respecto. De acuerdo con Margarita Peña, directora del Icfes, la inequidad es una causa de los resultados bajos. Y es que mientras un niño de clase media o alta cuenta con todas las condiciones, uno del campo a veces tiene que caminar distancias largas para llegar a la escuela, no tiene libros o unos zapatos para moverse bien.
Esta semana y mientras leía el informe de la revista Dinero sobre los mejores colegios del país 2013, encontré elementos comunes en aquellos que ocuparon el primer lugar en las diferentes asignaturas de las Pruebas Saber: método, planeación y planteamiento de problemas cotidianos. A esto hay que sumar la motivación y amor de sus maestros por el oficio que los llevan a aplicar las estrategias mejores y con disciplina.
Esta última palabra entendida como la capacidad de seguir un orden y de aplicar métodos en el momento indicado, es una de las cosas que más nos faltan en estas tierras tropicales donde se deja tanto al azar y la improvisación. Siempre que pienso en esto, recuerdo el testimonio de Michael Phelps, el nadador y deportista que más galardones ha recibido en los Juegos Olímpicos y quien de acuerdo con noticias de esta semana, podría competir nuevamente en Rio 2016. Además de talento, patrocinadores y apoyo familiar, Phelps ha tenido disciplina y determinación. Estas le permitieron despertarse a las seis de la mañana para entrenar por seis horas, seis días por semana y durante más de veinte años. Algo similar ocurre con los estudiantes chinos y otros del Lejano Oriente. Por eso, quedar de penúltimos en un examen internacional como Pisa no se debe sólo a la falta de dinero, es también un asunto de mentalidad.
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