Un sello inconfundible. Sus palabras. Las frases que pronunciaba para identificar los espacios que presentaba. Signos de una época, palabras de un compañero de televisión, familiar y cercano.
Una sola palabra... Las letras... Vestido de esmoquin, saludaba con cortesía a los concursantes de Quiere Cacao y les proponía amables conversaciones sobre su lugar de origen o la relación que los unía. Cuando los concursantes completaban la palabra, Pacheco alargaba las sílabas con efusividad: ¡Eso es cooooorrecto…
Pacheco hablaba de su fealdad. Se burlaba de ella, como un atributo antes que desventaja. "Imagínese si yo con esta cara he tenido la oportunidad de estar cerca de mujeres tan atractivas, tan sexies... Darme un beso supuestamente apasionado con Amparo Grisales, eso todavía lo recuerda la gente".
Y agregaba con humor: "Imagínese lo que es uno arrimársele a Sofía Vergara a más de 15 centímetros de sus aparatos respiratorios. Eso es terrible".
"Yo soy Pacheco, con toda clase de defectos, con algunas cualidades. No me cambio por nadie", le dijo el año pasado a RCN.
Sobre la muerte, le habló a la periodista María Paulina Ortiz, de la revista Bocas, de El Tiempo: "Me tocará algún día. Pero no me da miedo. Espero, eso sí, no tener que sufrir mucho, no tener una enfermedad muy grande. Porque esto que tengo es una cosa ahí, que pasa. Pero una enfermedad dolorosa, o larga, eso sí me parece muy duro".
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