La solidez que mostró ayer Colombia en el estadio Monumental tuvo el sello de David Ospina. Cada que Argentina creó zozobra apareció él para darle seguridad a sus compañeros.
Los argentinos se tomaban la cabeza de manera incrédula cuando el portero antioqueño atajaba los balones que arreciaban el arco tricolor.
Ospina le ganó el duelo a Gonzalo Higuaín, el goleador lució impotente ante las manos salvadoras del guardavallas que evitó el gol del delantero del Real Madrid, quien habitualmente no falla cuando tiene una oportunidad.
Es que David lució como Goliath y por eso no es raro que varios clubes europeos estén interesados en sus servicios. Él está a punto de recibir el pasaporte comunitario, que hasta ahora ha sido impedimento para que vaya a un club de mayor envergadura.
Con su actuación a la memoria vinieron las gestas de Óscar Córdoba en el 5-0 o las de Miguel Calero (q.e.p.d) en la Copa América de 1999.
David nunca fue inferior a la historia y demostró que Colombia tiene arquero para rato. Durante esta eliminatoria el guardameta ha sido para la defensa lo que Falcao significa para el ataque. Si el Tigre aporta goles, Ospina es el plomero que tapa las grietas que han surgido en la zaga.
Cuando hay un incendio aparece con sus atajadas para apagar las llamas.
Lo de ayer fue simplemente monumental y el impulso que le aportó desde el arco al nuevo paso que da Colombia hacia el Mundial, es el mismo con el que acostumbra a volar en la portería.
Por eso lo que es un hecho es que el arco de Colombia está en buenas manos y el Mundial por buen camino.
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