En un comienzo parecía un pleito común y corriente entre un periodista y cuatro jóvenes de una acaudalada familia de Valledupar que se sintieron ofendidos por un artículo. Luego parecía una discusión sobre gramática en un país de fanáticos proverbiales de la retórica: se debatía si el artículo era una generalización o una acusación individual. Al final, después de un largo proceso judicial, la disputa se convirtió en una batalla por las libertades de pensamiento y de expresión, dos derechos que son la base para defender todos los demás.
Ha sido el caso de Alfredo Molano, de El Espectador , quien fue demandado por calumnia e injuria por cuatro buenos muchachos de la familia Araújo, después de que escribió una columna titulada "Araújos et al" en febrero de 2007. Allí habló de los Araújo de Cartagena y Valledupar, que "no tienen sangre próxima común", pero según sus palabras, "ambas familias son de esa rancia cúspide regional, acostumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos". Eran los días en que había rodado la cabeza de la canciller María Consuelo Araújo, después de que algunos de sus parientes más cercanos fueron vinculados con paramilitarismo.
La escena de una de las audiencias muestra lo que de verdad estaba en juego detrás de las discusiones sobre gramática. En un mensaje enviado a los periodistas, Molano dice: "Ayer viernes 29 se llevó a cabo por fin la esperada audiencia en un tinglado tan extraño para mí y seguramente para todos nosotros? El juez, un hombre recto; el Ministerio Público, una persona formal, y una fiscal agresiva. Los jóvenes querellantes, dirigidos por su abogado, Dr. Garzón Roa, -que perteneció a la firma de Lombana, el abogado de Uribe-, muy pretenciosos y de corbata y escolta, dieron sus versiones. Por nuestro lado presentaron su peritazgo Pablo García, lingüista -un sabio-; el poeta, Juan Manuel Roca, escribió un poema verbal frente al tribunal; Ramiro Bejarano, lúcido, rápido, experto. Digamos que fue un partido de ping-pong procesal. Quedamos 50 y 50, que es como decir, nada. La audiencia se reanudará el lunes a las 9 a.m. e intervendrán Carlos Gaviria, Adriana Camacho y Alberto Salcedo.
Después vendrán los alegatos entre abogados y por último el fallo". Gracias a Dios y a la justicia, el fallo fue absolutorio. El juez lo leyó el 9 de febrero, fecha en que se celebra el Día del Periodista.
Durante el proceso, la Fiscalía acusó a Molano de haber escrito su artículo con intenciones de hablar mal de los demandantes. Ellos, por su parte, dijeron que su vida había sido afectada familiar, social y laboralmente. Para la Fiscalía, el título de 'Araújos et al' traducía "Araújos y otros Araújos" y, por eso, el texto hacía alusión directa a los demandantes. Los expertos en lingüística consideraron que la expresión "Araújos et al" no hace referencia a lo que dijo la Fiscalía, sino que su traducción es "Araújos y otros". O sea, no limita la crítica solo a los sujetos que tienen ese apellido, sino a muchas personas más. Otro lingüista dijo que Molano solo habla en forma directa de los Araújo en los dos primeros párrafos y en ellos solo usa dos adjetivos: "endogámico" y "especulativo", palabras que según las definiciones del diccionario, no apuntan a injuriar ni calumniar a una persona.
La agencia de noticias IPS informó que para convencer al juez, la técnica que usaron los demandantes consistió en alterar el texto original de la columna. Donde Molano usó de manera sarcástica la expresión genérica "los notables" para referirse a actividades de las elites, los abogados la sustituyeron por "los Araújos de Valledupar". El representante del Ministerio Público pidió la absolución de Molano y dijo que ni todos los notables de la Costa son de apellido Araújo, ni todos los Araújo son notables.
Estoy de acuerdo con sus palabras y con esta frase del poeta y luchador por la causa libertaria René Char, que citó en su testimonio: "La historia es el reverso del traje de los amos".
Hoy más que nunca estoy convencido de que la causa de Molano es la causa de la libertad, la causa de todos nosotros. Si no se puede escribir sobre los Araújo, de Valledupar, no se puede escribir sobre los Jaramillo, los Restrepo, los Uribe, los Vélez, ni los Hoyos de Antioquia y Caldas, ni sobre los Caicedo de Cali y los Noguera de Santa Marta.
Tampoco sobre los Santos de Bogotá y mucho menos sobre los Demonios del resto de Colombia.
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